DOMINGO 29 DE SEPTIEMBRE
XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO
“El que no está contra nosotros está a favor nuestro.”
Números 11,25-29; Salmo 18; Santiago 5,1-6; Marcos 9,38-43.45.47-48
Pasos para la Lectio del Domingo 29 de septiembre de 2024
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué personajes intervienen en el texto y qué actitudes se manifiestan en cada uno?
- ¿Qué expresiones de Jesús nos llaman la atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Somos una comunidad acogedora como nos lo pide Jesús? ¿Cómo lo manifestamos?
- ¿Cómo comprendemos el llamamiento a no escandalizar a los otros?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
Jesús continúa su camino hacia Jerusalén, y mientras tanto, aprovecha para señalar a los que lo acompañan en el camino, cuál es la esencia del discipulado y de la vida cristiana.
El texto que leemos hoy en el Evangelio hace parte de esas lecciones que Jesús da a sus discípulos, y que también nosotros, como discípulos suyos, debemos acoger con alegría en nuestro corazón para dejar que en nosotros se vayan dibujando cada vez más los rasgos y la mente del Señor.
Y la enseñanza que hoy nos regala el Señor comienza a propósito del comentario que hace el apóstol Juan: “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no es de nuestro grupo”.
Desde el comienzo de su ministerio, Jesús no ha dejado de anunciar y de poner en marcha el Reino de Dios, como el gran proyecto que Dios tiene para la historia y para los hombres. Y por ello ha sanado enfermos y expulsado demonios como signo de la novedad de la irrupción de Dios en medio de los hombres; y ha enviado a sus discípulos para que también ellos participen de la obra de la instauración del Reino, anunciando a los hombres la Buena noticia de la salvación.
El hombre que estaba expulsando demonios, y cuya identidad no conocemos, se había puesto ya a la tarea, y había asumido el compromiso de construir el proyecto del Señor. Al contrario, los discípulos están aún envueltos en criterios puramente humanos como el que nos reflejaba el Evangelio de hace ocho días, cuando discutían sobre quién era el más importante, o con actitudes de envidia como la que nos muestra Juan en el Evangelio de hoy; y por eso, aún no son capaces de poner en marcha la obra que les corresponde que es la de anunciar el Evangelio.
Este pasaje nos debe llamar también la atención a nosotros que a veces hacemos de nuestro cristianismo algo teórico, y no nos ponemos en acción. El proyecto del Reinado de Dios exige de todos nosotros salir de nuestras comodidades y ponernos en marcha para hacer que la presencia de Dios pueda ser realidad en medio de nosotros.
Fijémonos que es lo mismo que ocurre en la primera lectura, cuando Josué, dice a Moisés, que le prohíba a algunos profetizar; a lo que Moisés responde: ¡Ojalá que todo el pueblo profetizara y el Señor infundiera en todos su espíritu!
Ojalá todos nosotros que decimos creer en el Señor no nos quedáramos quietos y con las manos cruzadas viendo pasar el tiempo, sino que nos pusiéramos en marcha para hacer que el Reino de Dios comience a germinar en medio de nosotros.
Para ello tenemos que comenzar por convencernos de que todos somos necesarios para esta tarea; que la instauración del Reino y de sus valores no es asunto que corresponde solamente a los sacerdotes y a las religiosas; sino que nos compete a todos. Los padres de familia deben ayudar a construir el Reino de Dios que es amor y fraternidad en sus hogares; los profesionales deben ayudar a construir el reino de justicia y solidaridad en medio de los hermanos; y en fin, que todos estamos llamados en cada lugar donde estemos a ser evangelizadores, anunciando la novedad de la presencia de Dios en medio de su pueblo.
Y la mejor manera de hacerlo no es tanto con muchas palabras, que fácilmente se lleva el viento, sino que la mejor manera de hacerlo es el ejemplo, es la vida misma; eso es lo que significan esas enigmáticas palabras del Señor que escuchamos en el Evangelio: “Si tu mano es ocasión de pecado para ti, córtatela. Y si tu pie es ocasión de pecado para ti, córtatelo”; es la manera como el Señor nos está llamando a que tengamos una coherencia entre nuestras palabras y nuestras obras, para que nuestra forma de vivir no desdiga lo que creemos y profesamos con el corazón.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir con esta oración: Pidámosle al Señor que a todos nos ayude a sentirnos comprometidos con el anuncio del Evangelio, que nos pongamos en marcha para hacer realidad el Reino de Dios en todos los lugares en que nos encontremos, y que nuestra vida sea el mejor Evangelio que los demás puedan leer, pues con nuestras acciones hacemos que el Reinado de Dios comience ya a ser realidad en medio de nosotros.
4. Contemplación: Puede sugerirse a la comunidad detenerse a contemplar el texto a partir de esta pregunta:
- ¿Qué llamamientos encontramos en el texto para nuestra vida comunitaria y cómo podemos ponerlos por obra?
