Según algunas imágenes de la misma Biblia, la Palabra de Dios es como una semilla que produce fruto según la disposición de quien la oye, como una espada de doble filo que penetra hasta lo más íntimo de la persona, como un espejo en el que cada uno puede mirarse y conocerse, como un fuego capaz de abrasar la tierra, como una lluvia que no vuelve al cielo sin haber fecundado los campos. Por eso, la Sagrada Escritura es fundamental en la vida del cristiano y en la vida de la Iglesia. Ya nos dijo Jesús, que “no sólo de pan vive el hombre, sino toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Con motivo de la fiesta de San Jerónimo, que se celebra al final de septiembre, se propuso en este mes, primero, una semana bíblica y, últimamente, se ha venido insistiendo en que se dediquen las cuatro semanas a despertar, en todos, el conocimiento y el amor por la Palabra de Dios; a hacer de ella el alma de la vida espiritual y de la evangelización; y a lograr que ella ilumine y guíe siempre el camino y la actuación de la Iglesia. Que sea en verdad, según el decir del Salmo, “lámpara para nuestros pasos”.
Esto debe llevarnos a fomentar en todo el Pueblo de Dios una espiritualidad bíblica. Todo cristiano debe conocer la Biblia, debe aprender a leerla, debe poder orar con ella, debe sentirla luz y fuerza en la realización de su proyecto de vida y de su misión. No es un libro para leerlo una vez, sino una experiencia de la presencia y actuación salvífica de Dios en nosotros. Qué bueno que al ver nuestro comportamiento, se pudiera decir: “Se ve que éste vive de la Palabra de Dios”.
Además, todas las áreas de la pastoral deben basarse y alimentarse de la Palabra de Dios. A través de ella, se busca que la Escritura sea el cimiento mismo de toda la actividad de la Iglesia. Que este Mes de la Biblia sea una llamada para que todos nos dediquemos a estudiar seriamente la Palabra de Dios, a orarla con humildad y con fe, a vivirla apasionadamente, a hacerla quicio de nuestra actividad pastoral, a anunciarla con alegría y con esperanza.
+ Ricardo Tobón Restrepo
Arzobispo de Medellín
(El Semanario, Nº 295)

