DOMINGO 13 DE OCTUBRE
XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
“¿Qué haré para heredar la vida eterna?”
Sabiduría 7,7-11; Salmo 89; Hebreos 4,12-13; Marcos 10,17-30
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué nos llama la atención del encuentro del joven con Jesús?
- ¿Qué expresiones nos llaman la atención.
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas
- ¿Qué elementos de este texto iluminan nuestra vida familiar o nuestra pequeña comunidad?
- ¿En qué aspectos nos identificamos con el joven del Evangelio?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Esta pregunta del hombre que sale al encuentro de Jesús en el camino, revela uno de los interrogantes más profundos de la vida cristiana: ¿Cómo alcanzar la vida feliz? ¿Cómo lograr la salvación?
Curiosamente en el hoy de nuestro mundo esta pregunta ha ido perdiendo cada vez más vigencia, al punto de que para muchos es una pregunta que ha dejado de ser significativa o que simplemente ya no interesa más.
Los grandes avances de la ciencia y de la técnica; el mundo del consumo que satisface aparentemente todas las necesidades, y una cultura carente de un sentido de futuro y seducida por los valores efímeros del placer y del tener, son las mejores muestras de que a nuestra sociedad parece no inquietarle la pregunta por la salvación.
Miremos solamente la vida de los jóvenes, que tantas veces hacen depender sus vidas de lo que tienen, que tienen miedo de mostrarse cómo son y por eso aparentan ante sus amigos, haciéndose muchas veces esclavos del tener, esclavos de las cosas, y se van olvidando de Dios.
Lo peor de todo es que los mismos cristianos nos hemos dejado influenciar tanto por esta cultura, al punto de que creemos que la verdadera felicidad consiste simplemente en el placer momentáneo, y vamos perdiendo el sentido de eternidad y trascendencia que exige el mensaje cristiano.
Por eso es muy significativo encontrarnos con este texto que devuelve nuestra mente a lo fundamental, a lo que debe constituir el eje de nuestras vidas.
La respuesta de Jesús al hombre es muy particular: Jesús le pregunta acerca del camino de felicidad que ofrece la primera alianza, centrado en el cumplimiento de los mandamientos que aseguran la bendición divina sobre el hombre; pero ahí no concluye todo, sino que Jesús va más allá y todavía mirándolo con amor le hace la exigencia de quien ama: Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.
Se ha revelado entonces el proyecto de felicidad que Dios tiene para cada hombre, y que consiste no sólo en el cumplimiento de unas normas, cuanto en una experiencia de amor que nos lleva a poner en el primer lugar de nuestras vidas a Jesús y a hacer que todo lo demás parezca relativo ante la grandeza y potencia de su persona que responde mejor que ninguna otra al deseo y anhelo profundo de felicidad que descansa en el corazón de cada hombre.
Lo que le revela Jesús al hombre es que a la felicidad verdadera sólo se llega transitando el camino del amor, que es un camino exigente pero gratificante; y no de cualquier amor, sino del amor profundo a Jesús, a su presencia, a su persona.
Sin embargo, el hombre no entiende este camino; aún está apegado a sus riquezas, y tiene su corazón puesto en otras cosas. Y por eso la expresión de Jesús que causa espanto en sus discípulos: ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!
Esto no quiere decir que Jesús esté condenando las riquezas, o que esté excluyendo de la salvación a quienes las poseen; lo que Jesús está mostrando es que ellas no pueden ser el objeto del amor del hombre. Cuando uno ama tanto sus riquezas se vuelve egoísta, se le cierran los ojos para ver al hermano que sufre, y entonces sí que se aleja de la salvación que el Señor ofrece.
En definitiva, a lo que nos está invitando la liturgia de la Palabra de este domingo es a que nosotros aprendamos a vivir sabiamente nuestra vida. La primera lectura nos insistirá justamente en ello: Supliqué al Señor, y me concedió la prudencia; lo invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría. Y no es una sabiduría de conocimientos intelectuales, sino la sabiduría de aprender a vivir, de aprender a amar, de aprender que el camino de la felicidad verdadera está en el servicio, en la entrega, en la donación, en la humildad; que el camino de la felicidad está en hacerse verdaderamente discípulo de Jesús y seguirlo por el camino aprendiendo como Él a ser mansos y humildes de corazón.
3. Oración:
A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
Puede concluir con esta invitación para proclamar el salmo responsorial de la liturgia del próximo domingo.
La plegaria del salmo responsorial que leeremos el domingo bien puede resumir todo el espíritu de la liturgia de este día: “Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato”; que el Señor nos ayude a vivir la vida con la sabiduría del amor, para que así alcancemos un día la vida plena en Dios, la vida feliz, la vida eterna.
4. Contemplación:
Puede sugerirse a la comunidad detenerse a contemplar el texto a partir de esta pregunta:
¿Qué compromiso podemos hacer hoy para vivir de forma más radical el seguimiento de Jesús ?
