DOMINGO 20 DE OCTUBRE
XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO
“El que quiera ser el primero sea el servidor”
Isaías 53,10-11; Salmo 32; Hebreos 4,14-16; Marcos 10,35-45
Pistas para la Lectio Divina del domingo 20 de octubre de 2024
1. En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas
¿Qué nos llama la atención del texto?
¿En qué contexto se da esta petición de los hijos de Zebedeo? (leer lo que hay algunos versículos antes en la Biblia)
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas
¿Qué elementos de este texto iluminan nuestra vida o nuestra pequeña comunidad?
¿En qué aspectos nos identificamos con los Santiago y Juan?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
Extraña petición la de Santiago y Juan, con la que nos hemos encontrado hoy en el Evangelio: Maestro: concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.
Y es extraña sobre todo por el contexto en que ocurre: si leemos los versículos que están inmediatamente antes de este pasaje en el capítulo décimo de San Marcos nos encontramos con el tercer anuncio que Jesús hace a sus discípulos del misterio de la pasión y muerte hacia la que están caminando, pues no podemos olvidar que Jesús está subiendo hacia Jerusalén.
Por eso la respuesta de Jesús es clara y contundente: No sabéis lo que pedís.
Y es que cuando Jesús ha anunciado su pasión lo que ha hecho es mostrarles que Él no es un Mesías guerrero o poderoso que viene a imponerse por la fuerza o a proclamar un reinado al estilo de los reyes del mundo, en el que los discípulos gocen de los puestos más importantes en el gobierno; al contrario, el reinado que Él presenta pasa necesariamente por la prueba siempre escandalosa y difícil de la cruz.
Jesús se identifica más bien con el Mesías sufriente al que Isaías ha delineado maravillosamente en la primera lectura que escucharemos el Domingo: “Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos”; y ese es justamente el misterio que brilla en la cruz: el misterio de la salvación de Dios que, como nos dice la novena de navidad: ardiendo en deseos de salvar al hombre, resolvió hacerse hombre también y así redimir al culpable.
Mientras los discípulos siguen pensando y anhelando el poder, la gloria efímera; Jesús se presenta como aquel que carga con los sufrimientos de los demás y por eso su sufrimiento y su sacrificio son camino de salvación para todos. No en vano en la última cena, anticipo del misterio del Calvario, dijo a sus discípulos esas palabras que siempre escuchamos en la Eucaristía: “Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros” “Este es el cáliz de mi sangre, derramada por vosotros y por muchos”.
El camino que Jesús ha elegido para instaurar el Reinado de Dios es el camino de la cruz: allí Él nos ha revelado que su Reino no es como los de este mundo, sino que es en verdad el Reinado de Dios en el corazón de cada hombre, que es la única forma de producir una humanidad nueva; y por eso, para mostrar el camino de ese amor se ha hecho hombre y se ha entregado por nosotros; no en vano la carta a los Hebreos que escucharemos en la segunda lectura de este día nos ha revelado que “no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado”.
Cristo crucificado nos revela el amor de Dios que se entrega, que se dona, que busca hacer que ese amor llegue al corazón de los hombres y transforme sus vidas.
Ahora bien, este no es el camino que quieren los discípulos, y por eso el Señor les ha dicho: “No sabéis lo que pedís”; pero inmediatamente los ha invitado a reconocer su camino y a entrar por Él, por eso les ha preguntado: “¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?”
Con estas palabras les ha indicado que, si ellos realmente quieren hacerse sus discípulos, y si ellos quieren realmente seguirlo han de renunciar a cualquier deseo de dominio, de poder y han de entrar por el camino del amor; es por eso que inmediatamente les agrega: Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No así entre vosotros, no así: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos.
El camino que Jesús propone es el camino del amor, del servicio, de la entrega. Los primeros puestos en el Reino no son puestos de mando o de dominio, son puestos de servicio, que revelan la verdadera grandeza, que es la que se demuestra en un corazón que ama. Nosotros estamos llamados a la luz de esta palabra a revisar nuestra vida y a pensar cuál es nuestra escala de valores; muchas veces centramos nuestra vida en el tener y en el dinero, como el hombre que encontrábamos hace ocho días en el Evangelio; o la centramos en el poder y en el deseo de ser superiores a los demás como lo querían hacer los discípulos; pero Jesús nos enseña que los valores del Reino de Dios son otros: los del amor, el servicio, la entrega, el perdón, la justicia, la verdad
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
Puede concluir con esta oración:
Que el Señor nos dé un corazón nuevo que nos ayude a construir la sociedad nueva que nos propone Jesús: un pueblo nuevo, que tiene como meta, el Reino, como estado, la libertad de los hijos de Dios, como ley, el precepto del amor.
4. Contemplación: Puede sugerirse a la comunidad detenerse a contemplar el texto a partir de esta pregunta:
¿Qué invitación concreta hemos recibido hoy con esta Palabra y cómo la vamos a poner en práctica?
