DOMINGO 17 DE NOVIEMBRE
XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO
“EL DÍA Y LA HORA NADIE LO SABE”
Daniel 12, 1-3; Salmo 15; Hebreos 10,11-14.18; Marcos 13,24-32
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
1 En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué expresiones nos llaman la atención del texto?
- ¿Por qué usaría Jesús ese lenguaje? ¿lo comprendemos?
2 En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- De lo que dice el texto ¿Qué mensajes me quedan para mi vida personal?
- ¿Qué invitaciones nos hace el texto como comunidad?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
Sin duda alguna que las palabras que acabamos de escuchar en las lecturas de este día generan en nosotros muchos interrogantes por el lenguaje y las imágenes que se usan; mucho más en estos días en los que han aparecido toda clase de comentarios y especulaciones acerca de la proximidad del fin del mundo.
Pero el Evangelio, lejos de querer crear desconcierto o infundirnos terror lo que quiere hacer es señalarnos a nosotros la actitud que los cristianos debemos vivir permanentemente: la actitud de la vigilancia y de la espera.
Jesús está en Jerusalén, y antes de entregar su vida, hace una gran exhortación a sus discípulos mostrándoles que Él retornará glorioso un día para llevar a plenitud la historia e instaurar definitivamente el Reino de Dios; esto es lo que proclamamos en el credo, cuando decimos: “Subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre, y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos y su reino no tendrá fin”.
Sin embargo, Jesús no quiere que mientras Él vuelve sus discípulos se queden con los brazos cruzados o que estén en una actitud de zozobra y de temor; al contrario, la invitación que Él les hace es a que asuman con seriedad su vida, cada día, cada actitud y de esta manera estén siempre preparados, para cuando llegue el día del Señor.
En eso consiste la vigilancia cristiana, que es la actitud de los hombres de esperanza, que se esfuerzan todos los días por ir construyendo en medio de sus hermanos la experiencia del Reinado de Dios como un anticipo de lo que gozaremos un día en el Cielo.
Es por eso que un verdadero cristiano, uno que tenga puesta su fe y su esperanza en el Señor no puede estar creyendo o siguiendo todas esas teorías que por estos días quieren sembrar entre nosotros el miedo ante el fin del mundo, ni puede estar prestando atención a tantos profetas de calamidades que buscan crear desconcierto y miedo entre nosotros; el Señor es muy claro en el Evangelio: “el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre”.
¿Cuándo se terminará el mundo? ¿Cuándo volverá el Hijo del Hombre para juzgar en misericordia a los hombres? Eso sólo lo sabe Dios, y cualquiera que intente vaticinar fechas está queriendo usurpar un puesto que sólo le corresponde a Dios que es el dueño y Señor de la historia; mientras tanto lo que nos queda a nosotros es aprovechar el tiempo que el Señor nos regala para construir nuestra vida, para alcanzar la felicidad a la que Dios nos está invitando en cada momento.
Estamos viviendo el tiempo de la espera, y mientras tanto el mundo es como el gran campo que Jesús describió en una de sus parábolas, en el que van creciendo juntos el trigo y la cizaña; nuestra tarea debe ser la de que nosotros como cristianos seamos en medio del mundo buena semilla, para que así les señalemos a muchos el camino de la salvación que nos ha abierto el Señor.
El Evangelio de este día pues, no es una página de terror o de miedo, sino al contrario una página de esperanza que nos llama la atención a que vivíamos siempre preparados pues el día del Señor vendrá como un ladrón; y como dice el Señor, serán dichosos aquellos a quienes encuentre velando, es decir, que estén preparados para recibirlo; pues como nos dirá el profeta Daniel en la primera lectura, cuando llegue el día de la salvación los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad.
Que el Señor nos ayude a vivir siempre preparados, y a hacer realidad en nuestra vida el proyecto de su amor, para que así cuando llegue nos encuentre en oración y cantando sus alabanzas.
3 Oración:
Se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o acción de gracias a la luz de esta Palabra.
4 Contemplación:
Puede sugerirse a la comunidad detenerse a contemplar el texto a partir de esta pregunta:
- ¿Cómo podemos vivir mejor este tiempo mientras esperamos el encuentro definitivo con el Señor?
