Hay muchos esfuerzos y proyectos de pastoral juvenil, todos muy laudables; sin embargo, debemos reconocer que no son suficientes. En este momento, tantos jóvenes andan como ovejas sin pastor o “pastoreados” por las fuerzas oscuras de la violencia, la droga, el sexo, el afán de dinero, la visión materialista de la vida, el relativismo moral, el sinsentido y la frustración. Sin un adecuado acompañamiento de los jóvenes, no sólo la Iglesia sino toda la sociedad corre el riesgo de una grave crisis.
El mundo juvenil es un mundo en continua y rápida transformación. Como en cada época, también los jóvenes de hoy quieren ser ellos mismos, desean afirmar su propia identidad, buscan razones para vivir. Si han sido motivados adecuadamente, son capaces de actuar con generosidad, solidaridad y dedicación. Con todo, son individualistas, exigen el derecho a construir su vida prescindiendo de valores y normas comúnmente aceptadas. En su vida predomina la dimensión emotiva y sensorial, en detrimento de la razón y la reflexión.
En los jóvenes de hoy, hijos de una cultura en evolución, más allá de su personalidad frágil e inconsistente, nosotros debemos ver un tesoro y una esperanza. Debemos apostar por los jóvenes, a quienes es preciso considerar protagonistas irremplazables de la vida y de la misión de la Iglesia; la Iglesia tiene que mirarse en ellos. La juventud no es sólo de los jóvenes, es un bien de la misma humanidad. Como decía San Juan Pablo II, en la alegría de los jóvenes se refleja algo de la alegría original que Dios tuvo al crear al hombre. Tenemos que unir nuestras ideas y recursos para introducirlos en el fascinante misterio de Dios, tenemos que recuperar espacios de encuentro y de diálogo con ellos, tenemos que llevarlos a que aprendan a orar y a vivir la liturgia, tenemos que ponerlos en procesos serios y permanentes de evangelización, tenemos que comprometerlos en causas sociales, tenemos que llevarlos a que encuentren el sentido y la alegría de la vida y a que se hagan mensajeros de una fe renovada y de una esperanza activa en el mundo.
+ Ricardo Tobón Restrepo
Arzobispo de Medellín
(El Semanario Nº 299)

