Cada CER ha nacido, no como un grupo aislado, sino en profunda comunión eclesial a través de la vinculación a una parroquia concreta. Estamos convencidos de que, como enseña San Juan Pablo II, “la comunión eclesial, aun conservando siempre su dimensión universal, encuentra su expresión más visible e inmediata en la parroquia; ella es la última localización de la Iglesia” (C.L. 26).
Más que un territorio, un edificio, una estructura, la parroquia, como dijo el Concilio Vaticano II, “representa en cierto modo la Iglesia visible establecida en toda la tierra” (S.C. 42). De ahí que debe ser la escuela por excelencia donde se nutre la fe de los cristianos, el ambiente privilegiado en el que se acoge y vive la Palabra de Dios, el cenáculo donde se hace más gozosa la alabanza y se celebra a plenitud el misterio de la salvación, la comunidad de amor en la que los discípulos de Jesús se entrenan para difundir por el mundo la fraternidad y el Evangelio.
Debemos acrecentar y configurar cada vez más una profunda vinculación de las CER con sus parroquias y sus párrocos. Esto nos ha llevado a esforzarnos por comprender mejor, desde la fe, la naturaleza íntima de la parroquia, que más que un edificio o un dispensario de servicios religiosos, se debe contemplar como una fraternidad animada por el Espíritu, como la casa de familia de los fieles, como la revelación concreta del rostro mismo de la Iglesia.
Hoy, cuando la extensión geográfica, la movilidad de la población, la falta de sentido comunitario, el tímido compromiso de los laicos y otros factores dificultan que la parroquia viva plenamente su identidad y su misión, queremos, dentro de las propias limitaciones, ofrecer nuestro humilde aporte a la vida comunitaria, litúrgica y apostólica de nuestras parroquias.
Buscamos, sobre todo, crecer en el amor a nuestros párrocos y a nuestras parroquias, porque sabemos que éstas se enriquecen al fomentar en su seno la comunión de comunidades más pequeñas y que nosotros encontramos en la parroquia el ámbito propicio y ordinario para realizar nuestra unidad con la Iglesia diocesana y con la Iglesia universal.
Ricardo Tobón Restrepo
Arzobispo de Medellín
(Basileia Nº 3).

