DOMINGO 22 DE DICIEMBRE
IV DEL ADVIENTO
“María se puso en camino”
Miqueas 5,1-4a; Salmo 79; Hebreos 10,5-10; Lucas 1,39-45
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
1 En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué expresiones nos llaman la atención del texto?
- ¿Cómo nos presenta el texto a María?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué nos dicen a nosotros hoy este texto?
- Si navidad es un visita del Señor ¿Cómo podemos prepararla?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
El Evangelio de este día nos ha invitado a poner nuestra mirada, ya casi al término de nuestro adviento, en la figura de la Virgen María, para descubrir en ella el modelo de la espera que debemos vivir ante la cercanía del Señor.
Para comprenderlo bien, debemos comenzar por enmarcar el texto del Evangelio que hemos escuchado: María acaba de recibir la Palabra del ángel que le ha anunciado que será la madre del Salvador. Con su Sí ella ha abierto el camino para que la obra de la salvación encuentre en ella su casa, su tabernáculo.
Pero ¿cuál es la actitud de María?
Ella no se engríe, sabe que en su seno lleva a aquel que será llamado Hijo de Dios; y sin embargo, su actitud no es la del hombre orgulloso, sino que por el contrario, ella se hace servidora.
Es significativo que el evangelista describa la actitud de María diciendo “se fue con prontitud”; se trata de una actitud que brota de lo profundo de su corazón y que hace con alegría, con disponibilidad, con rapidez.
Se está inaugurando en María la lógica del discipulado, que después Jesús explicará a los suyos: “el que quiera ser el más importante entre ustedes, debe hacerse el servidor de todos, y el que quiera ser el primero, se hará esclavo de todos”.
María es la primera discípula, y fruto de ello brota de su corazón la actitud del misionero. En ella vemos ya consumada la identidad del verdadero seguidor de Cristo; así nos lo ha explicado el Papa Benedicto XVI: “El discípulo, fundamentado así en la roca de la palabra de Dios, se siente impulsado a llevar la buena nueva de la salvación a sus hermanos. Discipulado y misión son como las dos caras de una misma medalla: cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo Él nos salva”.
Pero este gesto de María tiene todavía un significado mucho más profundo, que nos recuerda que ella es la nueva arca de la alianza, que lleva en su seno al salvador del mundo.
Es significativo que cuando David llevaba el arca a la ciudad Santa, la dejó en casa de Obededom de Gat durante tres meses, y en ese tiempo el Señor bendijo a Obededom y a toda su familia. Pues bien, ahora es María, la que hospedada durante tres meses en casa de Isabel será motivo de bendición, pues lleva en su vientre a aquel que es bendición para todos los pueblos.
El Papa Juan Pablo II, quiso ver en este episodio de la visitación un modelo de la vida Eucarística de María como primer tabernáculo, primer sagrario de la presencia de Dios: “María ha anticipado también en el misterio de la Encarnación la fe eucarística de la Iglesia. Cuando, en la Visitación, lleva en su seno el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en «tabernáculo» –el primer «tabernáculo» de la historia– donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la adoración de Isabel, como «irradiando» su luz a través de los ojos y la voz de María.
Por eso son tan significativas las palabras de Isabel: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno”, que están acompañadas con la exultación del bautista en el vientre. Se trata ya de toda una liturgia de adoración al Señor.
Isabel que ha descubierto la presencia de Dios que la visita, se hace adoradora del misterio, y en este sentido se hace modelo de la Iglesia que se une en adoración al fruto bendito del seno de la Virgen María y que especialmente en estos días del Adviento exulta con singular alegría, presintiendo ya la llegada del Señor que viene a salvarnos, a redimirnos, a hacernos nuevos.
Colocándonos ante este tiempo de espera y ante la cercanía del nacimiento del Señor, este pasaje nos invita a reavivar nuestra fe, reconociendo al salvador del mundo que se acerca, que viene hacia nosotros. Y debe ser una fe acompañada de una profunda alegría, que el relato nos manifiesta en al exultación del bautista en el vientre. Un cristiano debe exultar al presentir la cercanía de la salvación de Dios que se acerca.
Pero también nos invita a renovar nuestra esperanza. La primera lectura del profeta Miqueas nos invitaba a reconocer que en el niño que nace en Belén está nuestra paz y nuestra esperanza, y entonces debemos estar atentos a su llegada para recibir su gracia y salvación en nuestra vida.
Y finalmente, el texto nos invita a comprometernos en la caridad. Al estilo de María que sale presurosa hacia la montaña a servir a su pariente Isabel, así el cristiano está llamado a hacerse servidor, a entrar en la lógica del amor que es el sello distintivo de la nueva alianza.
3. Oración:
Se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o acción de gracias a la luz de esta Palabra.
4. Contemplación:
Puede sugerirse a la comunidad detenerse a contemplar el texto a partir de esta pregunta:
- Como comunidades eclesiales por el Reino de Dios, ¿Cómo podemos imitar las actitudes de María?
