DOMINGO 06 DE ABRIL
V DEL TIEMPO DE CUARESMA
“Lo que me interesa es conocer a Cristo experimentando el poder de su Resurrección”
Isaías 43,16-21; Salmo 125; Filipenses 3,8-14; Juan 8,1-11
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
Estamos en el quinto Domingo del tiempo de nuestra Cuaresma, ya el próximo Domingo estaremos iniciando la conmemoración anual de los misterios de nuestra redención; y la liturgia de la Palabra de este día es como un preanuncio de todo lo que allí viviremos.
El profeta Isaías, a quien escuchábamos en la primera lectura nos anunciaba justamente la novedad de lo que se aproxima.
Es una lectura bien significativa la que nos presenta, pues comenzaba recordando las maravillas del éxodo en el que Dios sacó a su pueblo de la esclavitud del faraón con mano poderosa y brazo extendido y los condujo por medio del inmenso desierto, abriendo para ellos un paso por en medio de las aguas del mar donde sepultó al ejército de los egipcios.
Sin embargo Dios invita a su pueblo a no quedarse contemplando estas maravillas del pasado, sino a contemplar la novedad que se acerca: “No se queden recordando lo antiguo, no piensen en cosas del pasado, ahora voy a hacer algo nuevo; ya se vislumbra, ¿no lo perciben?”
Y entonces utiliza unas bellísimas imágenes para presentarnos la novedad que está para llegar: caminos en el desierto, ríos que rieguen lo árido, nacimientos de agua en tierra estéril.
Esto nos invita a pensar que el Dios que obró la maravilla de la creación y la maravilla de la liberación de Egipto, quiere ahora obrar una maravilla aún más grande… Pero, ¿de qué se trata?
San Pablo nos ha explicado en la segunda lectura el contenido de esta novedad: Cristo Jesús, en quien se realiza la obra de la redención humana, en virtud de su misterio Pascual: muerte y resurrección.
Son muy profundas las expresiones que usa San Pablo para describir el acontecimiento de Cristo: “Todo lo demás lo considero basura con tal de ganarlo a Él”.
Y Pablo no dice esto por una simple conclusión racional o por una genialidad de sus ideas, lo dice porque Él mismo es testigo de lo que produce el resucitado en la vida de quien lo acoge en su corazón. No en vano él que era perseguidor de los cristianos, un día al ser alcanzado por la experiencia de Cristo, se transformó en anunciador y misionero.
Por eso nos insiste: “lo que me interesa es conocer a Cristo, experimentando el poder de su resurrección en medio de los sufrimientos que me asocian a Él”. Una expresión que nos hace pensar que aún en medio de las dificultades que le toca vivir, Pablo siente que el Evangelio de Jesús y que la potencia de su resurrección lo han alcanzado y lo han transformado para siempre en un hombre nuevo. Es todo un misterio Pascual que él ha vivido, uniéndose a Cristo en el sufrimiento comienza a vivir en la esperanza de la resurrección.
Este misterio Pascual, este cambio de vida que alcanzó a Pablo, es el mismo que aconteció en la mujer del Evangelio de hoy; en un pasaje del Evangelio de Juan que nos muestra la obra de la misericordia de Dios puesta en marcha en la historia por medio de Jesús.
La mujer que llevan para ser apedreada merece según la ley la pena de muerte por sus pecados; pero antes de que se ejecute su condena Jesús invita a sus acusadores a que revisen también su vida y a que descubran que también ellos son frágiles y experimentan el drama del pecado que los ha separado de Dios; por eso comienzan a irse, porque descubren que también ellos son los primeros necesitados de la misericordia.
Pero son muy significativas las palabras de Jesús a la mujer: Él no la condena, pero sí la invita a comenzar a vivir la novedad de Dios que ya nos anunciaba Isaías en la primera lectura, y que consiste como nos dice San Pablo en vivir la vida de Cristo para que muriendo a nuestros pecados podamos resucitar con Él a una vida verdaderamente nueva.
Y ella, que al comienzo del relato estaba condenada a muerte, ahora al final experimenta la vida nueva que brota del amor y de la misericordia de Dios.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias. El animador puede concluir con esta oración:
Señor Dios nuestro en este quinto domingo de cuaresma, a la luz de empezar a vivir la Semana Mayor, te pido por los que hoy nos reunimos y compartimos esta palabra donde el Señor nos llama a no condenar, como Él no la condenó, por el contrario, ayúdanos a vivir la experiencia de sentirnos perdonados e iniciar un cambio en nuestras vida a la luz de Dios.
4. Contemplación:
Esta Semana Mayor que ya se acerca, esta nueva celebración de la Pascua, es una invitación para que también nosotros vivamos esa novedad de Dios en nosotros y a que dejemos que su Evangelio nos transforme interiormente, dejando atrás al hombre viejo y pecador para transformarnos en hombres nuevos.
Pidámosle al Señor que nos ayude a vivir verdaderamente esta Pascua como un camino de cambio y transformación en nuestra vida, para poder llegar a experimentar el poder de su resurrección en nosotros. Que la Santísima Virgen María, a quien honramos esta semana como Señora del dolor pero también de la esperanza, nos ayude a vivir como ella una verdadera Pascua, pasando por la cruz para llegar a la gloria de la Resurrección, el día en que la novedad de Dios brilla sobre todo el orbe.
