La Cuaresma es una Escuela Espiritual

La Cuaresma entraña un apremiante llamamiento a reconocernos pecadores y a volver a Dios mediante la escucha de su Palabra, acogida con obediencia y docilidad. Es el anuncio esencial y la invitación urgente que hace Jesús al comienzo de su ministerio público: “El Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en el Evangelio” (Mc 1, 15). Se trata de un llamado inaplazable a poner como fundamento de nuestra conversión personal y comunitaria la adhesión decidida y confiada en el Evangelio.
En definitiva, lo que debe ocuparnos en el tiempo de Cuaresma es la meditación y acogida de la Palabra de Dios. Dejar que esta Palabra nos ilumine, nos juzgue y que, por la fuerza del Espíritu Santo, nos cambie el corazón para que recibamos el amor del Padre, siguiendo a Cristo dentro de la experiencia comunitaria de la Iglesia. En esto nos ayudan los textos bíblicos de los domingos al hacernos recorrer las etapas del camino de la iniciación cristiana.
De esta manera, la Cuaresma se presenta como una escuela espiritual que nos permite asumir con renovado vigor nuestra identidad cristiana, llevándonos a revivir nuestra fe, a intensificar la oración, a celebrar la misericordia de Dios, a crecer en solidaridad con los pobres, hasta desembocar en la noche solemne de Pascua en la que renovaremos la gracia y la alegría de nuestro Bautismo.
Hagamos de este tiempo santo una ocasión favorable para el encuentro con Cristo muerto y resucitado, para el cambio de vida, para la experiencia de la fraternidad y para aprender a vivir con profundidad y gozo las exigencias de nuestra condición de hijos de Dios. En verdad, si escuchamos al Señor y si le abrimos el corazón se creará en nosotros un espíritu nuevo, renovaremos el rostro de la Iglesia, podremos vivir todos en primera persona el misterio y el milagro de la Resurrección.
+ Ricardo Tobón Restrepo
Arzobispo de Medellín
(El Semanario Nº 315)
