Domingo de Pascua
Abril 20 de 2025
Misa de Pascua
“Este es el día en que actuó el Señor”
Hechos 10,34a.37-43; Salmo 117; Colosenses 3, 1-4; Juan 20, 1-9
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
“Este es el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo”; estas palabras que repetíamos en el salmo responsorial se convierten en la síntesis de lo que la Iglesia experimenta en este día al celebrar la Pascua de su Señor: es la alegría de descubrir que Dios ha actuado en Jesús, al resucitarlo de entre los muertos.
Y esa alegría debe ser la que llegue hoy a nuestra vida, inundando con la luz de Cristo resucitado todo nuestro ser.
Es muy triste ver que hay muchas personas que viven su vida llenos de tantos dolores, cargando con el peso de sus sufrimientos, como arrastrando cargas y tristezas; a estos los ha ilustrado muy bien el Papa Francisco cuando en su exhortación acerca de la alegría del Evangelio, nos ha dicho: “Hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua”; es decir, la de una vida que parece estar siempre cruzando valles de lágrimas.
El mismo papa Francisco nos lo explica: “el gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente. Muchos caen en él y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado”.
En nuestro mundo hay tantas tristezas, hay tantos dolores, hay tantos desengaños; basta mirar al interior de nuestros hogares para descubrir cómo el dolor y la angustia nos van robando la paz; pero este día Cristo nos regala una voz de esperanza y nos invita a soñar con que todo puede ser distinto; es verdad que hay que luchar, es verdad que hay circunstancias adversas, pero también es verdad que los cristianos hemos resucitado con Cristo y que la Resurrección del Señor es la prueba de que el dolor no durará para siempre.
No en vano el libro del apocalipsis, cuando nos habla de la visión de la Jerusalén del cielo nos la presenta como el lugar donde ya no hay tristeza ni dolor, donde no hay amargura y sufrimientos; sólo basta que empecemos a acoger a Cristo para permitir realmente que Él nos transforme y nos regale motivos de alegría.
El papa Francisco ha sintetizado bien la invitación de este día cuando nos ha dicho: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque “nadie queda excluido de la alegría que nos trae el Señor”. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría. No huyamos de la resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su vida que nos lanza hacia adelante!”
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir con esta oración:
Señor Dios, danos la capacidad dejarnos inundar por la alegría que Dios nos trae; y dejemos que esa alegría inunde nuestro corazón y cambie los rostros largos y tristes en rostros de alegría esperanzada; dejemos que inunde nuestra vida entera, para que el gozo que nos da el Señor sea nuestra fuerza.
Pidámosle al Señor resucitado, al celebrar el gozo de este día de Pascua, que nos ayude a vivir como hombres resucitados, que los frutos de nuestra vida, demuestren que hemos vivido la Pascua con el señor, y que con Él hemos pasado del odio al amor, de la tristeza a la alegría.
4. Contemplación:
Que esta Pascua 2025 sea para nosotros un nuevo comienzo en nuestra vida de fe, que el Señor resucitado a todos nos regale una vida nueva, para que seamos capaces de vivir desde esta tierra el gozo que experimentaremos cuando resucitemos también nosotros, y estemos junto con Cristo, gozando de la alegría del cielo.
