La Resurrección de Cristo es la verdad culminante de nuestra fe y, por lo mismo, el centro de todas las celebraciones litúrgicas de la Iglesia. La Resurrección del Señor se inscribe en el contexto de una nueva creación: en Cristo resucitado revela Dios su proyecto definitivo sobre el hombre.
En la Resurrección la vida humana de Jesús de Nazaret es plenamente asumida en la vida de Dios y de ello resulta otro tipo de vida. Su antigua realidad adquiere cualidades nuevas e insospechadas, al pasar más allá del tiempo y del espacio. El resucitado es la primicia de la persona humana recuperada por Dios en la plenitud de su gloria.
La Resurrección muestra que la palabra definitiva de Dios no es el oscuro silencio del Calvario, sino la fuerza vivificante del amor con que rescató a su Hijo del sepulcro, su victoria definitiva sobre la injusticia y el mal que habían crucificado a Cristo, la luz resplandeciente de su ser que reverbera en el cuerpo espiritual del Señor. Por eso, la Resurrección es, en verdad, la clave de la historia.
Celebrar la Pascua, entonces, no es rememorar fríamente un acontecimiento del pasado, sino actualizar y asumir ese misterio de luz y de vida que inaugura realmente el porvenir de la humanidad. Para creer en la Resurrección no basta con creer una doctrina. Sólo cree en la Resurrección el que no se siente conforme con el mundo tal como está y lo quiere tal como lo ha diseñado Dios.
Se cree en la Resurrección con la vida. Se cree en la Resurrección cuando nos oponemos al mal, cuando nos comprometemos con la causa de Dios para acabar con la injusticia, la mentira, el egoísmo y la violencia, que siguen crucificando a los hijos de Dios. Se cree en la Resurrección con nuestras obras. De ahí que tengamos que preguntarnos si somos causa de crucifixión o de resurrección en el mundo.
Esta Pascua es una invitación a que hagamos Resurrección en nuestra vida, en nuestro hogar y en nuestra sociedad, para que no retrasemos la Pascua total. Es un llamamiento a entonar con nuestro comportamiento y testimonio el canto de la esperanza que necesita escuchar el mundo de hoy. Es una ocasión para acoger la recomendación de San Pablo: “Si han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba” (Col.3,1).
Ricardo Tobón Restrepo
Arzobispo de Medellín
(Basileia Nº 1).

