DOMINGO 03 DE MAYO
III DE LA PASCUA
“ES EL SEÑOR”
Hechos 5,27-32.40-41; Salmo 29; Apocalipsis 5,11-14; Juan 21,1-19
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
Hoy es nuevamente Domingo; y como cada ocho días nos congregamos de nuevo en torno al Señor resucitado que nos convoca para este encuentro fraterno en el que Él se hace nuevamente presente en medio de nosotros que somos sus discípulos.
Y esta asamblea dominical es como un anticipo de esa asamblea celeste de la que nos hablaba hoy San Juan en la segunda lectura, que se reúne para cantar las alabanzas del Padre y de Cristo, el cordero degollado, que merece la adoración y el homenaje de los pueblos.
Nuestra Eucaristía tiene pues esa dimensión de ser anticipo del banquete del Reino del Cielo, de ser un canto que proclama desde ya el triunfo definitivo de la vida sobre la muerte, de la gracia sobre el pecado, un pregón de la victoria de nuestro Dios.
Y las lecturas con que nos encontramos en este tercer domingo del camino de la Pascua, nos invitan justamente a experimentar ese cambio y esa transformación que produce Cristo resucitado en el corazón de sus discípulos.
De hecho, los primeros que tuvieron la experiencia del significado de la resurrección fueron ellos, los discípulos. Los evangelios no tienen miedo alguno en presentárnoslos como estaban tras la muerte de Jesús: estaban desconcertados. Los mismos relatos de la pasión nos han mostrado como todos huyeron, abandonando a Jesús; ellos estaban amedrentados, se encerraron por miedo a los judíos, las mismas mujeres, huyen del sepulcro llenas de temor; los apóstoles estaban llenos de temor y de dudas; estaban incluso decepcionados como lo vemos en el camino de Emaús; e incluso, como lo vemos en el pasaje del Evangelio de hoy, habían vuelto a Galilea, al lago, a su vida de antes; parecía como que la muerte de Jesús pusiera fin a todo ese proyecto que habían emprendido, y ahora debían volver a sus vidas y a sus ocupaciones de antes.
Para los apóstoles no bastaba lo que habían visto, no bastaban los milagros que habían ocurrido en la vida de Jesús para no quedar desconcertados por la muerte del maestro; estaban decepcionados: la condena a muerte de Jesús los había trastornado de tal manera que habían perdido la esperanza. “nosotros esperábamos que Él fuera el liberador de Israel, pero van ya tres días desde su muerte” dicen los discípulos de Emaús, como queriendo mostrar que con la muerte de Jesús todo había acabado, la aventura con Jesús había terminado, estaban llenos de nostalgia, de temor, de angustia, de desesperanza.
¿No vivimos nosotros de la misma manera? ¿No nos hemos dejado arrastrar por la cultura de la muerte que nos rodea y hemos comenzado a perder la esperanza en Jesús?, viendo tanto dolor que hay en los rostros de tantos hermanos nuestros, tantas angustias, tantos sufrimientos, tanto mal que parece apoderarse del mundo, seguramente nosotros nos hemos comenzado a dejar arrastrar por el miedo, por el temor, y vamos perdiendo la esperanza.
Pero es un consuelo leer los evangelios de la resurrección, porque Jesús no se escandaliza de esta fragilidad de los discípulos, al contrario se acerca a ellos con todo el amor y les da tiempo para que puedan entender lo que ha pasado, y se vuelvan a llenar de esperanza.
Es lo que nos quiere transmitir esa bellísima página del Evangelio de hoy, cuando vemos que Jesús vuelve a Galilea, vuelve al lago, es decir, vuelve a pasarse por la vida de estos hombres para mostrarles que no todo ha terminado con la cruz, al contrario, que la Resurrección inaugura un tiempo nuevo donde Él estará para siempre con ellos, haciendo que la vida sea distinta.
Y en este sentido es bien significativo el signo de la pesca abundante: los discípulos estaban experimentando sequedad, dolor, vacío… sus trabajos era infructuosos; pero con Jesús resucitado presente ahora todo vuelve a cobrar valor, ahora la pesca es abundante, ahora todo tiene un bueno sentido.
Por eso, cuando el discípulo amado experimenta todo esto en su corazón exclama: ¡Es el Señor¡ y reconoce de esta manera a Jesús que nuevamente los alcanza, que nuevamente los recoge, que nuevamente los llama y que los impulsa a ser testigos de su presencia resucitada entre los hermanos.
En este sentido, es impactante leer esa primera lectura del libro de los hechos de los apóstoles en la que estos mismos hombres, que tenían miedo y habían huido ante la prueba de la cruz, ahora dan testimonio de Jesús resucitado con gran valor y alegría, soportando aún la persecución por causa del Evangelio.
Es la fuerza poderosa de la Resurrección, es la presencia del Resucitado que ha transformado para siempre su vida y que les ha encomendado como a Pedro en el Evangelio de hoy ser pastores de la grey, comunicando a todos la alegría de la salvación que Dios ya ha obrado en ellos.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Esto nos debe llevar a nosotros a revisar profundamente nuevas vida de fe y a pensar: ¿he descubierto a Jesús resucitado en mi vida? ¿Estoy experimentando la potencia de su Resurrección en mí? ¿Me he dejado contagiar por la esperanza que brota del sepulcro vacío o aún tengo dudas, miedos y temores en mi corazón? ¿No será que aún nosotros seguimos pescando infructuosamente? ¿No será que aún no nos hemos dejado alcanzar por Él? ¿No será que nos falta dejar que Él cambie nuestros trabajos y fatigas con su presencia?
4. Contemplación:
Cristiano es solamente aquel que tiene una verdadera experiencia de Cristo vivo, que actúa en él, que lo transforma y que por eso puede ser testigo de su resurrección.
Que el Señor nos ayude, que aumente nuestra fe, para poderlo reconocer vivo y presente en cada paso de nuestro camino.
