DOMINGO 22 DE JUNIO
SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI
“ESTE ES EL SACRAMENTO, EL MISTERIO DE NUESTRA FE”
Génesis 14, 18-20; Salmo 110; 1 Corintios 11, 23-26; Lucas 9,11b-17
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
Hoy es un día muy especial en nuestra Iglesia; es el día en el que la liturgia nos invita a contemplar a Jesús, presente en las especies del pan y el vino consagrados; es un día para contemplar a Jesús Eucaristía, Sacramento de nuestra fe.
La Solemnidad del Corpus Christi, es el día en que la Iglesia celebra que promesa del Señor, de estar presente para siempre entre nosotros, tiene su cumplimiento en cada altar, en el que un humilde sacerdote ofrece al Padre pan y vino, frutos del esfuerzo y el trabajo de los hombres, y que por la acción del Espíritu, se convierten en el Cuerpo y la Sangre del Señor.
Por eso, siempre después de las palabras de la consagración, el sacerdote aclama: “Este es el Sacramento, el misterio de nuestra fe”; con la conciencia de que Cristo mismo se ha hecho presente; y aunque los sentidos fallan, porque aparentemente no vemos más que un trozo de pan y un sorbo de vino, la fe nos abre al gran misterio que es anticipo del Cielo y banquete de los hijos, que a un extraño no se da, como escuchábamos en la bellísima secuencia que acompaña la liturgia de esta fiesta.
Es por eso que los cristianos nos reunimos siempre en torno al altar para celebrar la Eucaristía, y es por eso que con fe, nos acercamos para recibir este alimento que es prenda de vida eterna.
Esa es la grandeza del misterio que hoy celebramos, que es Dios mismo quien así como lo dice uno de los salmos, “prepara una mesa para nosotros”, y “abre su mano y nos sacia”, y como nos lo presenta el Evangelio de este día, nos alimenta a todos con el pan de la gracia, hasta que todos comamos y quedemos saciados.
Pero lo que se nos da no sólo es pan, sino que al comulgar, recibimos a Dios mismo que viene a habitar en nosotros. Él mismo se hace alimento, se hace comida, para fortalecernos en nuestra debilidad, para acompañarnos en nuestro camino, para estar con nosotros; San Pablo nos lo ha explicado maravillosamente al aludir a la tradición que Él ha recibido, que el Señor dijo: “Esto es mi Cuerpo que se entrega por ustedes… Esta es la copa de la Nueva Alianza”.
Es por eso que cuando nos dan la comunión, nos dicen: “Cuerpo de Cristo”, porque es a Cristo mismo a quien comemos, es su Cuerpo, es su Sangre, es Él, presente realmente entre nosotros; y por eso respondemos con el “Amén”, que es toda una profesión de fe, de saber que como nos decía San Pablo hoy en la Segunda lectura, comer ese pan y beber ese cáliz es anunciar y participar de la muerte del Señor hasta que vuelva.
Lástima que muchos de nosotros no somos conscientes de la grandeza de este Sacramento; lástima que muchos de nosotros no vibramos con la Eucaristía, sino que la hemos reducido a un punto más y quizá de los menos importantes en la agenda del domingo; lástima que muchos se nieguen a creer en la presencia real del Señor en el pan y el vino consagrados, y desprecian la presencia del Señor, y no se acercan a comulgar porque no reconocen la grandeza del misterio que se encierra en la humilde apariencia de una hostia, que ya no es hostia, es Cristo mismo.
Es muy triste ver cómo muchos de nosotros pasamos frente al Sagrario sin detenernos un momento para encontrarnos con el Señor que nos espera; o convertimos el templo en lugar de charlas, sin saber que esta es la Casa de Dios, donde Él está presente. Allí en el Sagrario Él siempre nos espera, nos aguarda para que en oración le presentemos nuestra vida, nuestras alegrías y tristezas; el sagrario es el lugar de su presencia, es la morada de Dios entre los hombres, es la tienda del encuentro con el Señor.
Pero es igualmente triste ver cómo nuestras celebraciones se quedan en un mero culto externo y no las llevamos a la vida; el Evangelio de hoy nos muestra que así como comulgamos con el Cuerpo de Cristo, debemos comulgar con los hermanos, compartir sus alegrías y esperanzas, hacernos solidarios de sus necesidades. Comunión significa que nosotros tenemos el deber de darle de comer al mundo, como nos insinuaba Jesús en el Evangelio de hoy; y no sólo el pan material, sino el pan espiritual de la Palabra del Señor.
Hermanos, celebrar esta Solemnidad del Corpus Christi, es entonces una invitación que nos hace la Iglesia, a que recuperemos el sentido que tiene para nosotros el celebrar la Eucaristía; es un llamado a renovar nuestra fe en este Sacramento, a recibirlo con amor, sabiendo que recibimos a Dios mismo en nosotros, pero también a hacerlo vida en nuestra entrega solidaria por los hermanos.
Estamos pues llamados a celebrar con intensidad nuestra Eucaristía; a hacer de nuestra Eucaristía del Domingo el centro de nuestra semana; en fin, a que como cristianos, sintamos y experimentemos la presencia de Dios-con- nosotros, al celebrar este que es el Sacramento, el Misterio de nuestra fe.
Dios mismo se hará presente en medio de nosotros, en este altar, en la apariencia del pan y del vino; acojámoslo con amor y dejemos que la luz de la fe brille en nuestros ojos, para poder decirle con amor, aquellas palabras que repetía Santo Tomás de Aquino: Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte. No veo las llagas como las vio Tomás pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Señor, que estas palabras que nos congrega hoy como comunidad en preparación a la celebración de tu cuerpo y sangre, sea eficaz en nuestras vidas personales y se reflejen en nuestras familias y comunidades y ayuden al fortalecimiento del amor en nuestro camino por el Reino de Dios.
4. Contemplación:
Dios Padre, que has enviado al mundo la Palabra de verdad y el Espíritu de santificación para revelar a los hombres tu misterio admirable, concédenos que, al profesar la fe verdadera, reconozcamos la gloria de la eterna Trinidad y adoremos la Unidad de tu majestad omnipotente. Amén.
