DOMINGO 29 DE JUNIO
XIII DEL TIEMPO ORDINARIO
“Y VOSOTROS: ¿QUIÉN DECÍS QUE SOY YO?”
ISAÍAS22, 19-23; SALMO 137; ROMANOS 11, 33-36; MATEO 16, 13-20
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
La liturgia de la Palabra de este Domingo, quiere centrar nuestra reflexión en la figura de Jesús, en lo que Él es y en lo que significa para nosotros.
Fijémonos cómo el Señor que camina por la región de Cesarea de Felipe, pregunta a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?
Es una pregunta con la que Jesús quiere escuchar por boca de sus discípulos aquello que ellos han escuchado de la gente. Pensemos nada más en el episodio en el que los discípulos reparten a la gente los panes y los peces que Jesús ha bendecido ¿qué comentarios podrían haber escuchado? ¿qué estaba pensando la gente de Jesús?
Por eso la respuesta no se hace esperar: “Unos dicen que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas”.
Pero Jesús, que no quiere que sus discípulos se queden simplemente en las especulaciones, que no quiere que se queden con lo que la gente dice, sino que sabiendo que han vivido tantos momentos junto a Él, que lo han escuchado y que lo han visto obrar la misericordia de Dios y poner en marcha el Reino de Dios, les pregunta a ellos: Y vosotros: ¿quién decís que soy yo?
Es una pregunta que exige que ellos se olviden de todo lo que han escuchado, y desde la sinceridad de su corazón, cuenten su propia experiencia de fe; eso es lo que hace Pedro, cuando tomando la palabra dice: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.
Esta respuesta de Pedro, no ha salido de los cuchicheos de la gente, ni tampoco es producto de la emoción del momento; esta respuesta encierra toda la experiencia que este hombre ha vivido junto a Jesús: sus palabras, sus gestos, sus acciones, su vida, le han permitido descubrir en Jesús la presencia del Dios que salva a su pueblo.
Y por eso Jesús, descubriendo detrás de la respuesta de Pedro, un corazón que se ha abierto a la acción de Dios, lo proclama dichoso, y sobre la roca de su fe, pone los cimientos de la Iglesia, de la comunidad de todos los que a lo largo de la historia creerán en Él; mostrando con eso que la experiencia cristiana parte del hecho de reconocer a Jesús como el Mesías, es decir de experimentar en la propia vida la salvación que Él nos trae.
Pero la pregunta de Jesús no sólo fue para sus discípulos, sino que es una pregunta que nos alcanza y que nos interpela también a nosotros que nos decimos cristianos, seguidores de Jesús; también a nosotros el Señor nos dice en este día: Y vosotros: ¿quién decís que soy yo?
Porque también todos nosotros, desde pequeños en nuestros hogares y por la catequesis de las parroquias, y en las Eucaristías que participamos, hemos escuchado hablar de Jesús; seguramente muchos de nosotros sabemos casi de memoria muchos pasajes del Evangelio que nos hablan de su vida, de sus palabras, de sus milagros.
Pero todo eso no basta para llamarse cristiano; eso es apenas lo que la gente dice de Jesús; pero si nosotros no hemos vivido la experiencia de un encuentro personal con el Señor, que cambien nuestra vida, que inquiete nuestro corazón y que nos haga experimentar su salvación, entonces nuestra fe no tiene aún la suficiente profundidad; y será como la semilla que cae entre las zarzas o entre las piedras o al borde del camino, que pronto terminará por marchitarse.
Tenemos necesidad de vivir un encuentro personal con Jesús, un encuentro en que experimentemos como Él es la persona que corresponde a los anhelos más profundos de nuestra vida; en el que descubramos que en Él está la respuesta a los interrogantes de nuestro corazón.
Y el lugar privilegiado para vivir ese encuentro es la Iglesia; esa Iglesia tantas veces criticada, juzgada, tildada de anticuada y retrógrada por muchos, pero que lleva dentro de sí, una larga tradición de miles y miles de hombres que a lo largo de la historia se han encontrado con el Señor y ese encuentro les ha cambiado la vida.
Esa Iglesia que es memoria de Jesús, porque aún a pesar de sus pecados y de sus dificultades, es maestra de la Palabra de Dios y nos alimenta con el Cuerpo y la Sangre de Jesús.
Para encontrar a Jesús, no es necesario abandonar la Iglesia, como han hechos muchos que se han ido otras denominaciones religiosas o a otras iglesias, desconociendo que esta es la Iglesia que el Señor fundó sobre la sólida fe de Pedro, y que, aunque tenga errores, ella camina segura guiada por el Espíritu Santo, y amparada en la promesa de Jesús: “Las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella”.
Hermanos, para encontrar a Jesús no hay que cambiar de Iglesia, hay que dejar más bien que Jesús nos cambie el corazón, hay que dejarnos encontrar con Él que nos habla en su Palabra, que se hace presente en la Eucaristía, que está en los pobres y necesitados; en fin, hay que abrir de par en par las puertas del corazón a Cristo, para descubrir que Él no quita nada, sino que nos da todo lo que hace la vida verdaderamente feliz.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Señor, que estas palabras que nos congrega hoy como comunidad en preparación a la celebración de la solemnidad de los apostóles Pedro Y Pablo, sea eficaz en nuestras vidas personales y se reflejen en nuestras familias y comunidades y ayuden al fortalecimiento del amor en nuestro camino por el Reino de Dios y pidamos a nuestra señora, Reina de los apóstoles, nos ayude y encienda en nosotros el deseo de dar testimonio de Jesús.
4. Contemplación:
Dios Padre Santo, que este día podamos examinar nuestras vidas para ver en los apóstoles Pedro y Pablo las columnas que fortalecen la Iglesia y sigan siendo guía de nuestros caminos de Fe. En especial ponemos la vida del Papa León y nuestro Arzobispo.
