DOMINGO 06 DE JULIO
DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO
“PONEOS EN CAMINO”
Isaías 66,10-14c; Salmo 65; Gálatas 6,14-18; Lucas 10, 1-12.17-20
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
Hace ocho días la liturgia de la Palabra, con la fiesta de San Pedro y San Pablo, nos invitaba a reconocer nuestra vida cristiana a la luz de la experiencia de ser discípulos del Señor; pues bien, hoy, y casi como el complemento necesario de la esa lección sobre la identidad del discípulo, la Palabra de Dios nos invita también a reconocer el llamado que nos hace el Señor a ser sus misioneros.
El Papa Benedicto XVI, nos explicaba muy bien esta realidad en el discurso inaugural de la conferencia de Aparecida, cuando nos decía: “El discípulo, fundamentado así en la roca de la palabra de Dios, se siente impulsado a llevar la buena nueva de la salvación a sus hermanos… Y así discipulado y misión son como las dos caras de una misma medalla: cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo Él nos salva.
Y para comprender bien esta identidad misionera como nos la presenta el Evangelio de hoy, debemos partir de esa bellísima imagen que nos regala el Señor al comienzo del Evangelio de este día, cuando Jesús dice a sus discípulos: “La mies es mucha, y los obreros pocos”.
Desde la óptica de Dios el mundo es un campo amplio, es una gran siembra en la que crecen juntos el trigo y la cizaña, y en la que muchas veces la cizaña quiera ahogar el trigo; sin embargo, Dios no deja de apostar por la cosecha y por eso el envío de sus discípulos es el medio más eficaz para multiplicar el trabajo, sabiendo que la mies se pierde en los campos por la falta de obreros que trabajen en ella.
Y es aquí donde justamente tenemos que sentirnos llamados todos nosotros; leer el envío de los doce como misioneros del Reino, no puede ser para nosotros un bonito recuerdo del pasado, sino que tiene una implicación profunda y fundamental: también nosotros tenemos que sentirnos enviados, como ellos, a anunciar lo que hemos visto y oído, lo que hemos experimentado al lado de Jesús.
La liturgia de este domingo nos revela que la identidad del discípulo de Jesús es la de ser también misionero, es decir, la de participar de la obra de Jesús, comunicando a sus hermanos el gozo de creer en Él.
Este amplio campo del mundo necesita que todos nosotros nos convirtamos en obreros del Reino, saliendo a las calles, a los caminos, a todas las aldeas, recorriendo todos los pueblos para anunciar la presencia de Dios, que cambia, que transforma la vida.
Por eso tenemos que sentir que también el Señor hoy a cada uno de nosotros nos está llamando por nuestro nombre, y aunque no seamos sacerdotes o religiosas, aunque seamos arquitectos, médicos, ingenieros, comerciantes, amas de casa, estudiantes; a todos nos está llamando a que vayamos a evangelizar, a anunciar, y a que lo hagamos justamente empezando por los nuestros, por nuestra familia.
En su primera encíclica, Lumen Fidei, el Papa Francisco nos decía justamente: “En la familia, la fe está presente en todas las etapas de la vida, comenzando por la infancia: los niños aprenden a fiarse del amor de sus padres. Por eso, es importante que los padres cultiven prácticas comunes de fe en la familia, que acompañen el crecimiento en la fe de los hijos. Sobre todo los jóvenes, que atraviesan una edad tan compleja, rica e importante para la fe, deben sentir la cercanía y la atención de la familia y de la comunidad eclesial en su camino de crecimiento en la fe”.
Todos pues debemos sentirnos llamados a anunciar el Evangelio, todos debemos sentirnos responsables de esta tarea, que no consiste simplemente en transmitir ideas o teorías, sino ante todo transmitir con nuestra vida y con nuestras obras lo que el Señor ha hecho por nosotros.
Es por eso que en la parroquia los catequistas no pueden ser solamente un grupo apostólico; o los misioneros no pueden ser solamente algunos que se comprometen con esta labor; todos estamos llamados a comprometer la vida entera en el anuncio del Evangelio.
El relato que escuchamos nos hacía llamado especial: “Poneos en camino”; esta expresión no sólo se dirige a los discípulos, sino que también esa es nuestra tarea; que hoy cuando salgamos de la Eucaristía vayamos a nuestros hogares y anunciemos allí la presencia de Dios; que mañana al madrugar a trabajar o estudiar vayamos y contemos sin temores que creemos en Dios y que tenerlo a Él en la vida es un tesoro; de esta manera ayudaremos a que el Reino de Dios pueda ser una realidad entre nosotros.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Señor, en este encuentro con tu palabra, te pedimos sigas fortaleciendonos como comunidad CER, entendiendo nuestro camino misionero en nuestra parroquia, familia y comunidad.
4. Contemplación:
Que este camino discipular nos sirva para crecer en nuestra misión de bautizados y logremos en comunidad trabajar por el Reino de Dios
