DOMINGO 27 DE JULIO
DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO
“SEÑOR, ENSÉÑANOS A ORAR”
Génesis 18,20-32; Salmo 137; Colosenses 2,12-14; Lucas 11, 1-13
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
Jesús es sin duda una persona extraordinaria; así lo podían experimentar los discípulos, que veían cómo hablaba con autoridad a las gentes, cómo obraba signos y prodigios en medio del pueblo, cómo devolvía la esperanza a los abatidos, cómo era siempre misericordioso con todos.
Sin embargo, con el paso del tiempo ellos comienzan a descubrir que todo esto no es simplemente fruto de sus fuerzas humanas o de su propia voluntad; sino que todo esto es producto de una experiencia profunda de Dios que se alimentaba en las largas noches de oración.
Y es por eso que un día, queriendo recibir también ellos esa fuerza que revestía al maestro, le dicen: “Señor, enséñanos a orar”.
Y entonces Jesús los sorprende: no les enseña muchas palabras, para que no crean que la eficacia de la oración depende de lo que se dice; sino que les enseña sobre todo una actitud fundamental: la confianza profunda en Dios.
Eso es justamente el Padre Nuestro; no es solamente una oración llena de palabras bonitas; es mucho más que eso, es la oración de un corazón que sólo encuentra en Dios su refugio, que sólo descubre en él su riqueza.
Decir: “Padre Nuestro”, es como lo dice uno de los salmos, abandonarse como un niño en brazos de su Padre, sabiendo que estando con Él podremos vivir la novedad de su Reino, podremos recibir fuerza para hacer su voluntad, nunca nos faltará el pan de cada día, recibiremos misericordia y también fuerza para romper nuestro egoísmo y perdonar, seremos fortalecidos en la tentación y librados del mal.
Es por eso que el Padre Nuestro no puede ser repetido simplemente como una oración más; sino que sobre todo debe estar acompañado de esa actitud de confianza, de abandono, de sentirnos amados por Dios e hijos queridos suyos.
En este sentido resultan sumamente significativas las palabras finales del Evangelio de hoy: “¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?”
Son palabras que nos invitan a la confianza absoluta en Dios que sólo quiere lo mejor para nosotros y que sabe escuchar siempre las oraciones de sus hijos, pues es un Padre bueno y misericordioso.
Pero hay también una segunda actitud que el Señor nos enseña en el Evangelio acerca de la oración: la perseverancia.
La parábola del amigo inoportuno es una invitación a no desfallecer nunca en el camino de la oración, a no desanimarnos si la respuesta de nuestra oración tarda, a mantener siempre la esperanza encendida y a ser constantes y perseverantes en la plegaria.
Un bellísimo ejemplo de esto se nos ha mostrado en la primera lectura, en esa dramática escena de la intercesión de Abraham. Es un texto muy significativo, porque Abraham amparado en el escudo de la oración se vuelve casi impertinente con Dios, pero termina logrando su cometido.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
La oración es la fuerza del hombre y la debilidad de Dios, porque Dios jamás se hace el sordo a las súplicas de sus hijos; más bien somos nosotros muchas veces los que desfallecemos, los que nos cansamos, los que claudicamos en nuestra oración.
4. Contemplación:
Una verdadera oración dirigida al cielo con fe, nunca se verá defraudada; el Señor lo ha dicho: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre”; pues toquemos muchas veces a la puerta de Dios, tantas veces aunque nos volvamos inoportunos como el amigo de la parábola; pero no dejemos de tocar, de llamar, de gritar, de clamar al cielo y hagámoslo con fe, sabiendo que en el cielo tenemos un Padre bueno, que sabrá responder a nuestra súplica y que nos dará siempre lo que más nos conviene.
