DOMINGO 03 DE AGOSTO
DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
“YA QUE HAN RESUCITADO CON CRISTO BUSQUEN LOS BIENES DE ARRIBA”
Eclesiastés 1,2;2,21-23; Salmo 39; Colosenses 3,1-5.9-11; Lucas 12, 13-21
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
Un caso singlar le presentan a Jesús: un hombre se le acerca a pedirle que le diga a su hermano que reparta con él la herencia; Jesús se niega a ser juez en tales asuntos, pero lo que no hace es dejar pasar la oportunidad para darle una nueva enseñanza a quienes lo siguen por el camino: “Cuidado con dejarse llevar de cualquier forma de codicia, porque la vida no está asegurada por la cantidad de bienes que uno tenga”.
Es una lección difícil pero fundamental para cuantos deciden seguir a Jesús: aprender a darle el justo lugar que tienen los bienes materiales en la vida.
Y es que hay personas que gastan toda su vida en conseguir cosas materiales; que se afanan y se empeñan en construirse sus pequeñas o grandes riquezas, a las que se apegan y en las que ponen su corazón.
Hay muchos que creen que los bienes materiales son el sinónimo de la felicidad y por eso se desgastan en ellos; olvidándose que el dinero, que las cosas son tan sólo medios para ser feliz, pero no constituyen la felicidad en sí misma.
Qué triste es ver cómo hay algunos que por estar apegados a su fortuna se vuelven egoístas, usureros, cierran su corazón a la caridad; incluso hay muchos que sin tener tanto, hacen de lo poco que tienen el objeto de su felicidad aparente.
Resuenan con fuerza entonces las palabras de la primera lectura: “¡Vanidad de vanidades, todo es vanidad¡”; una expresión que muestra la realidad de la vida, que no se resuelve en la cantidad de bienes, que en el fondo sin incapaces de asegurar la vida.
Y por eso es casi escalofriante por la dureza la pregunta de Jesús en la parábola: “Esta noche te pedirán la vida… y lo que has acumulado ¿Para quién será?”
Job lo expresa de una forma casi gráfica al decir: “Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a él”; mostrándonos con ello como los bienes materiales no son compañeros de viaje en el camino hacia la eternidad.
Pero entonces viene también la gran invitación de Jesús: “atesorar un tesoro en el cielo, junto a Dios”. Esto nos recuerda que al final de nuestra vida no vamos a ser interrogados sobre el estado financiero de nuestras cuentas bancarias, o la cantidad de dinero que guardamos bajo el colchón; sino que en la presencia de Dios sólo estarán el incienso de nuestra caridad, el fruto de nuestra justicia, el sacrificio de lo que vivimos con amor.
Qué significativas suenan en este contexto las palabras de San Pablo que hoy escuchábamos en la carta a los colosenses: “Ya que han resucitado con Cristo, busquen los de arriba”; y que se convierten en una invitación a aprender a construir nuestra vida no sobre la seguridad pasajera que nos regalan los bienes materiales, que hoy están y mañana quizá no; sino más bien sobre los verdaderos pilares que construyen a un ser humano de cara a Dios: la bondad, la justicia, la solidaridad, el amor.
Qué triste es que en nuestra sociedad muchos sigan anteponiendo el valor del dinero a las demás cosas; que tristes que muchos hijos tienen padres con grandes chequeras que lo único que hacen es tapar la falta de amor y de presencia en sus vidas con abundancia de cosas; que triste que muchos instrumentalicen a las personas y que pongan precio a sus relaciones.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Señor en este encuentro de comunidad, ilumina nuestro sentir y ayúdanos a evaluar cómo y qué estamos atesorando. Guíanos y pon en nuestros corazones la razón de ser cristiano, trabajar por el Reino de Dios.
4. Contemplación:
Hoy el Señor nos hace un llamado muy grande a todos nosotros, para aprender a poner el corazón en lo fundamental, en lo que verdaderamente nos hace ricos: el amor, la fe, la caridad; riquezas que no se agotan, que no terminan, que nos acompañan como ofrenda en el camino hacia la casa del Padre.
