DOMINGO 24 DE AGOSTO
DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO
“¿SERÁN POCOS LOS QUE SE SALVEN?”
Isaías 66,18-21; Salmo 116; Hebreos 12,5-7.11-13; Lucas 13,22-30
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
Una de las dimensiones fundamentales de la fe es sin duda la de la esperanza: los que creemos en Cristo lo hacemos también con la confianza de que un día alcanzaremos junto con Él la patria del cielo, allí donde Él mismo nos ha dicho ha ido a prepararnos un lugar.
Por eso no se hace extraña la pregunta con la que se abría la página del Evangelio de hoy: “¿serán pocos los que se salven?”; al contrario, es quizá la pregunta más importante de todas, es la pregunta por la salvación, por aquello que esperamos y que anhelamos alcanzar: una vida feliz, junto a Dios.
Ahora, es curioso que a quien pregunta le interesa saber el número: pocos, muchos, 144.000 como afirman algunos; pero Jesús no responde a esta pregunta hablando de cantidad, sino exigiendo calidad a sus discípulos: “Esfuércense por entrar por la puerta estrecha”.
Es un llamado significativo que nos hace el Señor a descubrir que la vida cristiana como la define el catecismo es una lucha constante, que implica esfuerzo, que implica dedicación, que implica conversión, que implica renuncia, que implica cruz, pero que en definitiva es camino de salvación.
En este sentido resultaban muy significativas también las palabras con las que concluía hoy la segunda lectura, en la que se nos invitaba justamente a mantenernos firmes en el camino del Señor, aún en medio de las adversidades. Decía el autor de la carta a los hebreos: “no se queden, pues, con los brazos caídos y encogidas las piernas. Continúen la marcha por el camino recto; que así nadie seguirá cojeando y llegarán sanos y salvos”.
Es una imagen muy diciente la que compara la vida cristiana como una marcha, como un caminar, como una carrera, en la que sabemos tenemos la meta puesta en la salvación; pero para alcanzarla hay que saber hacer bien el camino.
Por eso el llamado del Señor es a esforzarse; a empeñarse en hacer el camino con alegría; a no dejarse seducir por otros caminos, por agradables y placenteros que puedan resultar; en el Evangelio de San Mateo, el mismo Jesús nos aclara: “ancho es el camino que lleva a la perdición, y muchos transitan por él”; como haciéndonos un llamado a que sepamos descubrir que en medio de todos los caminos que se nos ofrecen y de todas las puertas que se nos abren, hay caminos que no conducen a la felicidad verdadera, sino a felicidades aparentes.
Ahora bien, aquí podríamos hacernos una pregunta: entonces ¿cómo alcanzar la salvación? ¿cuál es ese camino que debemos seguir?
Lo primero es que debemos pensar que la salvación no consiste en hacer cosas sobrehumanas, o extrañas; la salvación consiste sobre todo en poner todo nuestro empeño por realizar la vocación y el llamado que el Señor a cada uno le ha hecho en su vida.
La salvación de papá y de mamá está en cumplir bien y con alegría esa tarea maravillosa que el Señor les ha encomendado, tratando de ser verdaderos modelos de fe y de vida para sus hijos; la salvación de un trabajador está en cumplir con empeño su trabajo con el que ayuda a engrandecer la obra maravillosa de la creación y que favorece a la comunidad humana. La salvación del estudiante está en poner todo su esfuerzo en vivir un verdadero camino de formación, siendo sensato y responsable con sus deberes.
Y sobre todo hay un aspectos que toca a todos, y es que la salvación está siempre unida a la conversión; es decir, a tener la docilidad de espíritu para reconocer que cuando nos equivocamos, la misericordia de Dios quiere levantarnos y darnos una nueva oportunidad. Y entonces saber que aunque muchas veces nos toque corregir el camino, lo verdaderamente importante es saber que la salvación es la obra de Dios en el hombre, que lo libra de sus egoísmos, de sus tristezas, de sus miedos, que lo libra muchas veces de sí mismo, para regalarle la vida de Dios.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Que el Señor nos ayude a esforzarnos todos los días en nuestro camino por vivir según la voluntad del Señor, y por esforzarnos en hacer bien aquello que el Señor nos ha encomendado; pero que también nos regale la capacidad de vivir un proceso de conversión constante, para así acercarnos cada vez más a lo que él quiere de nosotros.
4. Contemplación:
Tenemos una certeza que el Señor nos ha regalado: “en la casa del cielo hay muchas habitaciones”, corramos pues con alegría la carrera para alcanzar un lugar en casa del Reino de los cielos.
