DOMINGO 21 DE SEPTIEMBRE
DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO
“GANAOS AMIGOS CON EL DINERO INJUSTO”
Amós 8,4-7; Salmo 112; 1 Timoteo 2,1-8; Lucas 16,1-13
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
La profecía de Amós que escuchábamos en la primera lectura fue escrita en un momento de grandes contrastes en la vida del pueblo de Israel. Transcurría el tiempo de Jeroboam II rey de Israel; era un tiempo de gran prosperidad económica, y de abundantes éxitos políticos y militares que daban tranquilidad al interior del gobierno.
Sin embargo, en ese momento, y como un trueno en pleno verano, Dios hizo que el profeta Amós, uno venido del Reino del sur, levantara la voz para denunciar que detrás de esa aparente prosperidad y estabilidad se escondía una macabra cadena de injusticias, que enriquecía a unos pocos a causa de la pobreza de muchos, y que esclavizaba a la mayoría de la población: “Escuchad esto, los que exprimís al pobre y despojáis a los miserables… disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo”, hemos escuchado en la primera lectura de hoy.
La predicación de Amós no fue muy extensa, pero detrás de su figura se esconde un mensaje altamente significativo, y es que Dios no está contento con esa situación; al contrario Dios se pone de parte de los débiles y explotados para reclamar la justicia, que es la verdadera riqueza de un pueblo.
Es justamente la lógica de Dios que nos ha revelado también el salmo responsorial cuando nos ha dicho que Dios “alza de la basura al pobre para hacer que se siente entre los príncipes de su pueblo”; y es la lógica que María descubre como el hilo conductor de la historia, al descubrir en Dios uno que “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”.
Pero uno de los aspectos más graves de la denuncia que realiza el profeta Amós, es que los gobernantes y aquellos que estaban llamados a guiar al pueblo son justamente quienes aprovechándose de su posición, se han aprovechado de los demás, de los pobres y de los ignorantes en quienes han encontrado una presa fácil para sus dientes.
Lo que Amós revela es una sociedad egoísta, donde unos pocos, pensando en sus propios intereses, se han olvidado de pensar en el bienestar de todos.
En este mismo sentido parece ir la denuncia que hace Jesús en esa interesante imagen que nos ofrece en el Evangelio de hoy.
Es quizá la parábola más compleja de leer de todas las de Jesús, porque una lectura rápida y descuidada podría llevarnos a concluir que cuando Jesús alaba la labor de este administrador astuto, estaría alabando la sagacidad de muchos que se apoderan de su posición para su provecho personal; pero nada de esto es más alejado del Evangelio.
Más bien lo que Jesús quiere invitarnos es a que nosotros nos reconozcamos administradores; a cada uno Dios le ha dado en su vida unas cualidades, unos dones, unos carismas y a cada uno Dios le ha puesto en sus manos unos medios y unas posibilidades para que con ellos ayude a llevar a su plenitud la obra de la creación y de la transformación de este mundo, para convertirlo entre todos en el paraíso que Dios ha soñado.
En cambio, muchas veces nosotros, con nuestros intereses egoístas, con nuestras injusticias, con nuestras actitudes de soberbia y orgullo, en lugar de construirnos el paraíso que Dios soñó para nosotros, hemos terminado por construirnos un infierno a nuestra medida.
Resuenan entonces con fuerza y con sentido esas palabras del Señor: “ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas”; que es una invitación a que nosotros pongamos nuestros dones, nuestros carismas, incluso nuestros bienes materiales al servicio de la obra del Reino de Dios, que en definitiva nos lleva a construir un mundo más justo, más solidario, más incluyente.
Qué bueno pensar en esto justo cuando celebramos el tradicional día del amor y la amistad: es como una invitación del Señor a que no vivamos de amistades interesadas, a no ser amigos solamente de los que tienen cosas para ofrecernos; sino a aprender a vivir nuestra amistad desde la lógica de la entrega, del servicio, de la ayuda desinteresada; esa que a lo mejor sólo encuentra ingratitud humanamente hablando, pero que es la única capaz de construir una casa en el cielo.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Señor ayúdanos a ser coherentes con lo que nos encomiendas, con los carismas que nos entregas gratuitamente para multiplicarlos y dar frutos en abundancia y para cumplir nuestro llamada bautismal de ser a tu ejemplo, hombres y mujeres capaces construir el Reino de los Cielos.
4. Contemplación:
Que el Señor nos ayude a que nosotros, renunciando a la injusticia, a buscar nuestro beneficio personal, trabajemos por construir la ciudad de Dios en medio de los hombres, para que así, siendo de fiar en las cosas del mundo, un día merezcamos se nos confíen las eternas.
