DOMINGO 12 DE OCTUBRE
XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
“LEVÁNTATE, VETE, TU FE TE HA SALVADO”
2 Reyes 5, 14-17; Salmo 97; 2 Timoteo 2, 8-13; Lucas 17,11-19
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
La liturgia de la Palabra que la Iglesia nos regala en este domingo, nos invita a reflexionar sobre el misterio de Cristo, que es el centro de nuestra vida de fe.
Fijémonos cómo la página del Evangelio de San Lucas que escuchábamos nos presentaba a estos diez leprosos que se acercan donde Jesús y le gritaban: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”.
Esa expresión nos revela que estos hombres, seguramente enterados por la gente de los milagros que Jesús había realizado y de cómo en Él se manifestaba la misericordia de Dios, se acercan esperando que también a ellos los mire con amor y manifieste con ellos su poder.
La respuesta de Jesús es bien particular: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”; según la tradición judía, cuando un enfermo era curado debía presentarse ante el sacerdote para ofrecer el sacrificio de alabanza y acción de gracias; es por eso muy significativo que Jesús los envíe a donde los sacerdotes, es como una afirmación de que quedarán sanos, lo que efectivamente ocurre mientras van camino del templo.
Y entonces cuando se ven sanos, uno de ellos, un samaritano, decide no continuar el camino, sino volver a donde está Jesús, y al llegar a donde está Él se echó por tierra para darle gracias.
Este gesto del samaritano puede tener al menos dos interpretaciones: la más conocida es aquella que dice que el samaritano volvió en un gesto de gratitud con Jesús; y evidentemente que la fe implica esa dinámica de descubrir que en la vida todo es don y gracia de Dios, más aún, que los cristianos vivimos, como nos dice San Juan en el prólogo de su Evangelio “de gracia tras gracia”; y que por ello debemos vivir siempre con un corazón agradecido, que reconozca las maravillas del Señor.
Y de hecho por ejemplo la Eucaristía, esta fiesta de la fe que estamos celebrando, es en sí misma una acción de gracias que elevamos al Señor, reconociendo que también en nosotros se ha realizado su amor y su misericordia.
Pero hay una segunda interpretación de este texto, que es mucho más profunda, porque aunque el Evangelio nos invita a la gratitud, no se puede quedar simplemente como un manual de buenas costumbres, y por eso esta otra interpretación nos sugiere que este hombre, a diferencia de los otros nueve, fue capaz de dar un paso que los demás no dieron; el paso de la fe.
Los otros nueve quedaron contentos con la curación; algo que muchas veces nos pasa a nosotros en nuestra vida de fe: nos acercamos al Señor para pedirle en nuestras necesidades, pero cuando obtenemos lo que necesitamos como que quedamos contentos y nuevamente nos vamos alejando del Señor.
Pero este hombre, este Samaritano dio un paso más, el paso de la fe: y por eso volvió donde Jesús, porque descubrió que su vida sin Él ya no tenía sentido; y entonces, por dar ese paso de la fe recibió de Jesús aquellas palabras: “tu fe te ha salvado”; es decir, no sólo recibió la curación de su enfermedad, sino que recibió lo más grande, una fe capaz de salvarlo.
Hermanos: la fe no debe quedarse simplemente para los momentos en que necesitamos algo del Señor, aunque en esos momentos debe estar especialmente presente; pero la fe tiene que llevarnos a vivir un verdadero proceso de salvación que se realiza todos los días en el seguimiento del Señor.
Fijémonos cómo San Pablo en la segunda lectura nos ha dicho justamente esto, que Él mismo sufre entre las cadenas para que la salvación de Cristo alcance a muchos; e invita a Timoteo a seguir una doctrina segura: la de que si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él.
Es decir, San Pablo ha descubierto que incluso las cadenas y persecuciones por las que tiene que pasar se convierten en camino de salvación, vividas de la mano del Señor.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Te pedimos que esta Palabra nos invite a todos a tomar en serio nuestra fe, a acercarnos al Señor, a vivir y perseverar en el camino de su seguimiento; de esta manera obtendremos el más grande de los dones de su amor y de su misericordia: el de nuestra salvación.
4. Contemplación:
Que este evangelio no ayude como comunidad que hoy nos reunimos entorno a esta Palabra para que no olvidemos como Dios actúa de forma gratuita, generosa y misericordiosa.
