DOMINGO 9 DE NOVIEMBRE
DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN
“EL CELO POR TU CASA ME DEVORA”
Ezequiel 47, 1-2.8-9.12; Salmo 45; Corintios 9,9c-11.16-17; Juan 2, 13-22
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
La Liturgia de este domingo nos lleva, junto a toda la Iglesia, a celebrar la fiesta de la dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán; una fiesta de un profundo significado dentro de la vida de la Iglesia.
Transcurría el año 324; hacía apenas 11 años atrás el emperador Constantino había firmado el llamado Edicto de Milán, con el que ponía fin a las persecuciones que durante los primeros siglos habían sacudido a la Iglesia, cubriéndola con la gloria de los mártires.
Y ahora era el mismo emperador quien entregaba uno de sus palacios, al papa, para que se convirtiera en un lugar dedicado a la liturgia y a la oración.
Y fue así como el 9 de Noviembre de 324, el antiguo palacio que perteneciera al emperador, era ahora consagrado por el papa San Silvestre como casa de Dios, bajo el título de Santísimo Salvador y San Juan de Letrán; y desde entonces esa fecha pasará al calendario de la Iglesia como la memoria permanente de la consagración de aquella Iglesia, madre de las iglesias de todo el orbe, y que desde siempre ha servido como cátedra de los sucesores del apóstol San Pedro.
Ahora bien; ya que conocemos el motivo de esta celebración, podríamos preguntarnos: ¿y qué mensaje me deja a mí esta fiesta de la Iglesia? ¿qué me dice para mi vida?
Yo pienso que hay 3 aspectos fundamentales que las lecturas que acabamos de escuchar nos señalan como motivos de nuestra reflexión.
En primer lugar estamos celebrando la fiesta de la dedicación de un templo, es decir la consagración de un lugar para el servicio de Dios.
En la primera lectura que hemos escuchado, el profeta Ezequiel nos ha ilustrado maravillosamente el significado que tiene el templo como casa de oración: es el lugar desde el que mana vida, es el lugar donde se nos comunica la vida de Dios, tan abundante que es capaz de transformar las sequedades y las esterilidades.
Por eso no podemos olvidar nunca el significado espiritual que tienen para nosotros estos lugares consagrados: a ellos venimos a orar, a encontrarnos con el Dios que nos espera y que se derrama en gracias sobre nosotros.
Y la página del Evangelio nos advierte que una actitud contraria lo único que haría es convertir en un mercado la casa de Dios; y eso lo hacemos cuando con nuestro comportamiento, nuestras actitudes y hasta nuestra forma de presentarnos irrespetamos la casa de Dios.
Pero, en segundo lugar, San Pablo nos ha recordado que estos lugares físicos tienen sentido por la comunidad que en ellos se reúne, que son en definitiva la verdadera edificación de Dios.
Eso nos debe llevar a pensar en que la Iglesia más allá de un edificio, somos en realidad todos nosotros, los que profesamos una misma fe y tenemos un mismo Señor.
Y esa Iglesia, conducida por Jesús a través de Pedro, es decir, del papa y de todo el colegio de los apóstoles en la figura de los obispos que son sus sucesores, es para todos nosotros el lugar privilegiado para encontrarnos con el Señor y para hacernos discípulos suyos.
Por eso hoy es un día para orar por la Iglesia, por quienes el Señor ha llamado a dirigirla para que lo puedan hacer siempre con sabiduría, y por todos los que en ella caminamos para que con nuestro testimonio de vida construyamos una Iglesia santa en medio de un mundo lleno de tantas sombras y tantas oscuridades.
Y, finalmente, como nos lo decía el mismo San Pablo, hoy es un día para descubrir que cada uno de nosotros es también un templo del Espíritu Santo, que la presencia de Dios habita en nosotros, y que por eso debemos respetar nuestro cuerpo y el de nuestros hermanos como templo del Espíritu; y este respeto parte del valor profundo que tiene mi vida y la de mis hermanos, y la exigencia del respeto, de la caridad y la solidaridad con ellos.
Qué bueno que esta fiesta sea de verdad una motivación a querer y a valorar más nuestra Iglesia, a sentirnos de verdad parte de ella, y a que sintamos el llamado a comprometernos con ella, a no quedarnos sólo siendo católicos de nombre, sino que con nuestras actitudes y nuestro estilo de vida, ayudemos a que la Iglesia hoy siga siendo instrumento eficaz de salvación.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Señor en este encuentro de comunidad, donde sabemos por la fe que tú estás en medio de nosotros, por favor, danos la fuerza para no solo adorarte en espítitu y en verdad, sino aprender a valorar nuestros templos como parte fundamental de nuestro crecimiento en la fe.
4. Contemplación:
Que la palabra que acabamos de metidar arda en nuestros corazones para hacer de nuestra vida un ejemplo de Evangelio.
