DOMINGO 16 DE NOVIEMBRE
DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO
“Con vuestra perseverancia os salvaréis”
Malaquías 3, 19-20a; Salmo 97; 2 Tesalonicenses 3, 7-12; Lucas 21,5-19
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
Sin duda alguna que las palabras que acabamos de escuchar en las lecturas de este día generan en nosotros muchos interrogantes por el lenguaje y las imágenes que se usan, que para muchos, profetas de desgracias, son sólo el preludio de días tenebrosos y caóticos.
Pero el Evangelio, lejos de querer crear desconcierto o infundirnos terror lo que quiere hacer es señalarnos a nosotros la actitud que los cristianos debemos vivir permanentemente: la actitud de la vigilancia y de la espera.
Jesús está en Jerusalén, y antes de entregar su vida, hace una gran exhortación a sus discípulos mostrándoles que Él retornará glorioso un día para llevar a plenitud la historia e instaurar definitivamente el Reino de Dios; esto es lo que proclamamos en el credo, cuando decimos: “Subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre, y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos y su reino no tendrá fin”.
Sin embargo, Jesús no quiere que mientras Él vuelve sus discípulos se queden con los brazos cruzados o que estén en una actitud de zozobra y de temor; al contrario, la invitación que Él les hace es a que asuman con seriedad su vida, cada día, cada actitud y de esta manera estén siempre preparados, para cuando llegue el día del Señor.
En eso consiste la vigilancia cristiana, que es la actitud de los hombres de esperanza, que se esfuerzan todos los días por ir construyendo en medio de sus hermanos la experiencia del Reinado de Dios como un anticipo de lo que gozaremos un día en el Cielo.
Es por eso que un verdadero cristiano, uno que tenga puesta su fe y su esperanza en el Señor no puede estar creyendo o siguiendo todas esas teorías que quieren sembrar entre nosotros el miedo ante el fin del mundo, ni puede estar prestando atención a tantos profetas de calamidades que buscan crear desconcierto y miedo entre nosotros.
¿Cuándo ocurrirá todo esto?, le preguntan a Jesús en el Evangelio, ¿Cuándo volverá el Hijo del Hombre para juzgar en misericordia a los hombres? Eso sólo lo sabe Dios, y cualquiera que intente vaticinar fechas está queriendo usurpar un puesto que sólo le corresponde a Dios que es el dueño y Señor de la historia; mientras tanto lo que nos queda a nosotros es aprovechar el tiempo que el Señor nos regala para construir nuestra vida, para alcanzar la felicidad a la que Dios nos está invitando en cada momento.
Fijémonos que Jesús no concluía el Evangelio con un anuncio de desgracia, sino con una voz de esperanza: “con perseverancia salvaréis vuestras almas”, nos decía, como invitándonos con ello a renovar el empeño y las fuerzas todos los días para trabajar por nuestra salvación, mientras llega el día del Señor.
Estamos viviendo el tiempo de la espera, y mientras tanto el mundo es como el gran campo que Jesús describió en una de sus parábolas, en el que van creciendo juntos el trigo y la cizaña; nuestra tarea debe ser la de que nosotros como cristianos seamos en medio del mundo buena semilla, para que así les señalemos a muchos el camino de la salvación que nos ha abierto el Señor.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
El Evangelio de este día pues, no es una página de terror o de miedo, sino al contrario una página de esperanza que nos llama la atención a que vivíamos siempre preparados pues el día del Señor vendrá como un ladrón; y como dice el Señor, serán dichosos aquellos que vivan en la perseverancia y el esfuerzo constante, es decir, los que estén preparados para recibirlo; pues como nos decía el profeta Zacarías en la primera lectura: “a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas”.
4. Contemplación:
Que el Señor nos ayude a vivir siempre preparados, y a hacer realidad en nuestra vida el proyecto de su amor, para que así cuando llegue nos encuentre en oración y cantando sus alabanzas.
