DOMINGO 30 DE NOVIEMBRE
I DEL ADVIENTO
“Estad en vela”
Isaías 2,1-5; Salmo 12; Romanos 13,11-14; Mateo 24,37-44
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
Estamos iniciando este domingo el tiempo del adviento, con el que la Iglesia quiere introducirnos en un doble misterio; de un lado la preparación para la conmemoración anual que hacemos en la memoria del nacimiento del Señor quien al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de la salvación; pero igualmente nos pone en tónica de esperanza, a mirar en el horizonte de la fe la segunda venida del Señor, para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos.
Estos dos sentidos están presentes en la liturgia de la Palabra que nos ha regalado la Iglesia en este día.
En la primera lectura hemos escuchado al profeta Isaías, que como profeta de la esperanza invitaba al pueblo a soñar con la llegada de los tiempos mesiánicos en los que Dios suscitará para el pueblo un Mesías que traerá paz y tranquilidad para el pueblo; y lo hacía usando imágenes muy significativas: “No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra”.
Y eso que a lo lejos miraba el profeta lo veremos realizado cuando en la noche santa de la navidad podamos contemplar a los ángeles que vienen a anunciar la llegada de tiempos de paz para los hombres, cuando en su cántico nos digan: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”; es la paz que trae el niño de Belén como un proyecto de amor de Dios en medio de la historia
Pero esa paz inaugurada en la navidad no ha llegado todavía a su culmen, y nosotros somos herederos de esa esperanza de que llegará el día en que Dios sea todo en todos, y entonces podamos vivir como hermanos en el Reino de Dios; y justamente es para esto para lo que quiere disponernos el adviento, para asumir con esperanza el camino de la historia hasta la consumación final en el Reino de Dios.
El texto del Evangelio de San Mateo que hemos escuchado en el Evangelio, nos ha puesto a pensar justamente en la llegada de los tiempos definitivos en los que el Señor vendrá para juzgar a vivos y muertos y para instaurar su Reino definitivo de paz.
Sin embargo, nos decía el Evangelio, Dios nos has ocultado el día y la hora en que Cristo, su Hijo, Señor y Juez de la historia, aparecerá revestido de poder y de gloria, sobre las nubes del cielo. Pero el hecho de que no sepamos ni el día ni la hora nos obliga a todos nosotros a vivir en una preparación contante para ese encuentro definitivo con el Señor.
A eso nos invitaba también el apóstol San Pablo en la carta a los Romanos que hemos leído en la segunda lectura, en la que nos regala unas recomendaciones claras para nuestra vida, que debemos asumir no solamente en este tiempo del adviento sino todos los días de nuestra vida: “dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias”.
La gran invitación pues de esta liturgia de este primer domingo del adviento es pues a que nosotros comencemos un verdadero camino espiritual de preparación, primero para celebrar la Navidad, como una verdadera fiesta espiritual en la que recibiremos al Señor; y que por eso debemos pensar desde ya que lo más importante no son todas las cosas externas que podamos hacer, sino la disposición de nuestro corazón para recibir la gracia del Señor que se renueva al celebrar el nacimiento de aquel que es nuestra paz.
Pero también se nos invita a vivir siempre en una tónica de esperanza cristiana, sabiendo que debemos siempre estar preparados para el encuentro definitivo con el Señor, del que no conocemos ni el día ni la hora.
Y esta preparación la debemos hacer todos los días, esforzándonos por buscar hacer siempre realidad en nuestra vida la voluntad del Señor; acogiendo su Palabra en nuestro corazón y haciéndola realidad en nuestras vidas.
La oración colecta con la que iniciábamos la misa bien puede resumir todos estos sentimientos de nuestro corazón, al pedirle al Señor en este día que avive en nosotros, al comenzar este Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompañados por las buenas obras, para que colocados un día a su derecha, merezcamos poseer el reino eterno.
Que la Virgen María, madre y mujer de la espera nos ayude a vivir este tiempo como un momento de gracia en nuestras vidas.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Que el inicio de este tiempo de Adviento ayuda a todos a seguir trabajando por el Reino de los Cielos a través de la mano de la Virgen María quién nos enseña la ser durante la dulce espera.
4. Contemplación:
Unamos los corazones a este tiempo, donde la liturgia nos llevará por un camino de encuentro personal y de comunidad para encontrarno con el Dios con nosotros.
