DOMINGO 14 DE DICIEMBRE
III DEL ADVIENTO
“Estén siempre alegres en el Señor”
Isaías 35, 1-6a.10; Salmo 145; Santiago 5, 7-10; Mateo 11,2-11
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
En el camino de nuestro tiempo del adviento, llegamos al tercer domingo que en la Iglesia tiene un matiz muy especial: si hemos escuchado con atención, desde que comenzamos la Eucaristía, hemos escuchado esas palabras del apóstol San Pablo: “Estén siempre alegres en el Señor”, y que son la invitación que nos hace la Iglesia a que ante la cercanía del Señor, en nuestros corazones comience a despertar el deseo de recibirlo.
Pero ¿cuál es el motivo de esta alegría?
San Pablo concluía la frase diciendo: “Os lo repito, estad alegres, el Señor está cerca”. Y es que no hay otro motivo que pueda ser fuente de mayor alegría que la cercanía del Señor que viene a visitar a su pueblo, como nos lo decía también el profeta Isaías en la primera lectura, y por eso los corazones deben llenarse de júbilo, al saber que la salvación que esperan está llamando a las puertas. La oración colecta de la misa, nos insistía justamente en pedir al Señor conceda a sus fieles el alcanzar la alegría de la salvación y celebrarla con júbilo, como una forma de comenzar a elevar los corazones hacia ha celebración de la Navidad que se acerca.
El mismo profeta Isaías, en la primera lectura que hemos escuchado nos ayuda a comprender el significado que tiene la cercanía del Señor; a un pueblo que estaba lejos de su tierra y que sufría el dolor del destierro, el profeta les anuncia una palabra de consuelo, mostrándole que la presencia de Dios les trae la salvación: “Sed fuertes, no temáis, decía, mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará”.
Se trata de una misión en verdad liberadora, que busca traer la presencia y el amor de Dios a los hombres, en especial a los débiles y pobres de corazón, para quienes Dios tiene trazado un plan de salvación.
Ese es el motivo de la alegría que hoy canta la liturgia de la Iglesia: la cercanía del Señor que viene a traer su salvación a todos los que con sencillez y humildad de corazón quieren acogerla en sus vidas.
Pero para que esta alegría no sea simplemente un entusiasmo pasajero, sino que en realidad sea el anuncio de una transformación radical en nuestra vida, Santiago, en la segunda lectura que hemos escuchado, nos ha indicado que debe ir acompañada de actitudes muy concretas: la paciencia, la firmeza en las pruebas y en el sufrimiento; así apareceremos irreprochables el día de la llegada de nuestro Señor Jesucristo.
Se trata de un llamado a la vigilancia, que ante la cercanía de la navidad nos pide no descuidar lo verdaderamente importante, que es preparar la vida y el corazón con las buenas obras y con una vida espiritual seria y profunda, que nos ayude a reconocer la presencia del Señor en nuestra vida y a dejarnos transformar por Él.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Ya esta semana vamos a iniciar la novena de preparación a la navidad, ella debe ser la oportunidad para que reunidos en familia en torno al pesebre, descubramos que el centro de estos días es la espera vigilante del niño Jesús; y a que juntos preparemos el camino para que la noche santa de la Navidad podamos recibirlo en nuestras vidas.
Fijémonos cómo en el Evangelio, se nos presentaba figura de Juan el Bautista, el último profeta y el primer apóstol, que anunciaba la llegada del Mesías al pueblo, y que por medio de la invitación a la conversión era la voz que clama en el desierto: “Preparen el camino del Señor”.
Y el Evangelista San Mateo nos presentaba a Juan el Bautista enviando a sus discípulos al encuentro de Jesús para descubrir en Él al Mesías; con ello Juan nos muestra que todos estos días, todo este camino del adviento nos debe conducir a Jesús. Lo que hace el Bautista es señalarnos que el final y la meta del camino está en Jesús, el niño de Belén, el Dios con nosotros.
4. Contemplación:
Por eso debemos emprender ya el camino que nos conduzca como a los pastores o a los magos hasta el humilde portal donde nos aguarda el Salvador del mundo. En la noche de Navidad escucharemos justamente ese anuncio de los ángeles: “Os anuncio una gran alegría: hoy os ha nacido un Salvador, el Mesías el Señor”; pero para que podamos experimentar esa alegría que Él nos trae, esforcémonos por disponer la vida y el corazón, porque el Señor ya está cerca.
