DOMINGO 28 DE DICIEMBRE
LA SAGRADA FAMILIA DE JESÚS, MARÍA Y JOSÉ
“Esta es la bendición del hombre que teme al Señor”
Eclesiástico 3,2-6.12-14; Salmo 127; Colosenses 3,12-21; Mateo 2, 13-15.19-23
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
En el marco de la celebración de la Navidad, la Iglesia nos invita este domingo a que centremos nuestra mirada en la familia santa de Jesús, María y José para que descubramos en ella el modelo de lo que debe ser auténticamente una familia cristiana.
En la familia de Nazareth, en el ejemplo de María, José y Jesús, podemos apreciar en primer lugar la santidad de la familia que, en el plan de Dios, se basa en la fidelidad para toda la vida de un hombre y una mujer, consagrada por el amor, como nos decía San Pablo en la segunda lectura, y abierta al don de Dios de nuevas vidas.
En el plan de Dios para la familia, el amor del marido y la mujer produce el fruto de nuevas vidas, y encuentra su expresión cotidiana en los esfuerzos amorosos de los padres para asegurar una formación integral humana y espiritual para sus hijos.
Aquí empezamos a descubrir algunos de los papeles esenciales de la familia como primera piedra de la construcción de una sociedad bien ordenada y acogedora. Además alcanzamos a apreciar, dentro de la sociedad en general, el deber del Estado de apoyar a las familias en su misión educadora y, de proteger la institución de la familia en donde un hombre y una mujer unidos por el amor constituyen la base de la vida social.
Y es que en la alianza conyugal, el amor del hombre y de la mujer es elevado por la gracia hasta convertirse participación y expresión del amor de Cristo y de la Iglesia, de modo que la familia, fundada sobre el amor, está llamada a ser una «iglesia doméstica», un lugar de fe, de oración y de preocupación amorosa por el verdadero y duradero bien de cada uno de sus miembros, valores en los que nos insistía el mismo Pablo en la carta a los Colosenses.
Pero volvamos nuestra mirada a la familia de Nazareth, podemos contemplar en ella cómo todos los miembros de la familia aportan y construyen la vida del hogar: en primer lugar María, la llena de gracia, la Madre de la Sagrada Familia y nuestra Madre, que nos recuerda el don maravilloso de la maternidad como regalo de Dios, y de una vida vivida en el silencio, la oración y la humildad; también en san José, el hombre justo que Dios quiso poner al frente de su casa, y que aún en medio de las dificultades que tuvo que experimentar, como nos lo narra el Evangelio de este día, supo mantenerse fiel a su misión. Del ejemplo fuerte y paterno de José, Jesús aprendió las virtudes de la piedad, la fidelidad a la palabra dada, la integridad y del trabajo duro.
Y finalmente podemos, al contemplar la Sagrada Familia de Nazaret, dirigirnos al niño Jesús, que en la casa de María y de José creció en sabiduría y conocimiento, hasta el día en el que inició su ministerio público. En la Sagrada Familia de Nazaret, Jesús enseñó algo a María y a José sobre la grandeza del amor de Dios, su Padre de los Cielos, la fuente última de todo amor, el Padre de quien toda familia en el cielo y en la tierra toma su nombre.
Vemos cómo la familia de Nazareth es pues una verdadera escuela de vida familia, en donde Jesús, María y José fueron creciendo en sabiduría y realizando la voluntad de Dios para sus vidas.
En la primera lectura de hoy, tomada del libro del Eclesiástico, la palabra de Dios nos ha insistido justamente en este detalle al presentarnos a la familia como la primera escuela de la sabiduría, una escuela que educa a los propios miembros en la práctica de esas virtudes que conducen a la felicidad auténtica y duradera.
Hoy tendríamos que revisar la vida de nuestras familias a la luz de esta palabra del Señor y pensar de qué manera nuestras familias son verdaderas escuelas de sabiduría y de amor, donde todos crecemos en los valores que nos hacen verdaderamente humanos.
En la oración colecta, con la que iniciábamos la misa de hoy hemos pedido al Padre que nos ayude a vivir como la Sagrada Familia, unidos en el respeto y en el amor; ese debe ser no sólo nuestro deseo sino nuestro esfuerzo constante, mucho más ahora que nos disponemos a iniciar un nuevo año.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Qué bueno que en nuestros propósitos para este nuevo tiempo que el Señor nos regala estuviera en el primer renglón de prioridades el fortalecer la vida de nuestras familias, el trabajar para que desde el diálogo y la comprensión todos sintamos que la familia es una verdadera escuela del amor.
4. Contemplación:
“Esta es la bendición del hombre que teme al Señor” nos decía el Salmo responsorial, diciéndonos con ello que nuestras familias son una verdadera gracia y una bendición para nosotros; que agradeciendo a Dios este don que nos hace de nuestras familias, nos preocupemos por hacer que ellas todos los días crezcan en el amor al estilo del hogar santo de Nazareth.
