DOMINGO 7 DE DICIEMBRE
II DEL ADVIENTO
“Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos”
Isaías 11,1-10; Salmo 71; Romanos 15, 4-9; Mateo 3,1-12
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
Cuando el profeta Isaías había querido explicarle al pueblo la necedidad de de prepararse, de disponerse para recibir al Señor, lo había hecho usando imágenes muy llamativas: enderezar caminos, abrir sendas aún en el desierto, enderezar lo torcido e igualar lo escabroso.
Se trata de pensar que la llegada del Señor no puede dejarnos a nosotros indiferentes, sino que tiene que sacarnos de nuestra comodidad para llevarnos a transformar toda nuestra vida.
San mateo, en el Evagelio que hemos escuchado hoy, dice que justamente antes de la llegada de Jesús, Juan el Bautista fue el encargado de recordarle esto mismo al pueblo; fue el encargado de ayudar a preparar el corazón de Israel para acoger a Jesús.
El anuncio de Juan el Bautista que hemos escuchado en el Evangelio de hoy, quería precisamente ayudar a disponer los corazones del pueblo, para que pudieran acoger al que venía detrás de Él. Por eso él que era la voz que grita en el desierto, no tenía otro objeto en su predicación que decir a todos: “Convertíos, porque está cerca el Reino de Dios”.
Desafortunadamente, muchos de los hombres de su tiempo, no estaban preparados para acoger en su corazón esta noticia del amor de Dios; y por eso muchos de ellos prefirieron cerrar sus corazones al niño de Belén, que venía a traer la paz de Dios.
También la Iglesia en estos días, nos está invitando a todos nosotros a mirar con esperanza el futuro. Este tiempo de adviento es un consuelo para todos nosotros, que también vivimos momentos de dolor, de soledad, de prueba, de crisis; para nosotros que necesitamos que Dios venga a hacerse presente en nuestra vida.
Pero para acoger la buena noticia de Dios necesitamos prepararnos, necesitamos disponer la vida y el corazón: Nuestro Dios viene y nos salvará; pero para que esta Buena Noticia sea una realidad en nuestra vida, el Señor deberá encontrar en nosotros un corazón bien dispuesto, que se abra de par en par a su acción misericordiosa.
La Iglesia es como el nuevo Juan Bautista, que va delante del Señor proclamando al mundo en este tiempo de adviento la necesidad que hay que entrar por el camino de la conversión, del cambio de vida. Fijémonos en el detalle que nos narra el Evangelio: cuando la gente acudía donde Juan lo que hacía era reconocer sus pecados y él los bautizaba.
Así también nosotros, somos llamados a acercarnos a la Iglesia, al Sacramento de la Reconciliación, para que acercándonos a la misericordia de Dios y arrepintiéndonos de nuestros pecados, podamos tener el corazón y la vida bien dispuestos para recibir al Señor.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Por eso este tiempo de adviento es a la vez un tiempo de esperanza y un tiempo de penitencia: porque mientras con esperanza miramos el horizonte de nuestra vida en Dios, debemos emprender el camino de prepararnos para su llegada de modo que nos encuentre sin mancha ni reproche.
Y ese camino de la conversión, como nos decía el mismo profeta Isaías en la primera lectura debe tomar tintes muy concretos:no juzgar de oídas; preocuparnos por la surte de los pobres y sobre todo trabajar por la paz y la reconciliación.
Fíjense esas bellísimas imágenes del profeta: “el lobo pastará con el cordero”, “el niño jugará con la serpiente”; se trata de una paz que alcanza a toda la creación y en la que debemos esforzarnos por trabajar todos, sabiendo que el Señor viene pronto y que su llegada debe encontrarnos con el corazón reconciliado y dispuesto para Él.
4. Contemplación:
Pidámosle al Dios con el corazón confiado que no muestre su misericordia, que nos regale su salvación; pero pidámosle sobre todo que nos de la gracia de prepararle el camino de su venida, para que así la acción de su gracia encuentre en nuestra vida un lugar abierto y dispuesto y así Jesús sea de verdad una Buena noticia de salvación para nosotros.
