DOMINGO 25 DE ENERO
III ORDINARIO
“El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz”
Isaías 8,23b-9,3; Salmo 26; 1 Corintios 1,10-13.17; Mateo 4,12-23
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
Hace ocho días escuchábamos en el Evangelio cómo Juan el Bautista presentaba a Jesús como el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”; pues bien, la página del Evangelio de San Mateo que acabamos de escuchar nos invita a contemplar el comienzo de esa misión, cuando luego del Bautismo Jesús inicia su ministerio público.
El primer detalle que nos regala el Evangelista es que Jesús se dirige a Galilea… no es una decisión sin importancia, es quizá la mejor muestra de la opción que ha hecho.
Galilea es la región fértil que rodea el lago que lleva su mismo nombre; es una economía relativamente próspera basada en el lago y en la agricultura; pero a pesar de la prosperidad aparente es una economía que ha caído en desgracia por los altos impuestos que cobra el imperio romano y que cada vez empobrecen más a sus gentes.
De otro lado es una región mal mirada por los judíos piadosos de Jerusalén, pues consideran que por sus antepasados haberse mezclado con otros pueblos, han abandonado la verdadera fe.
Galilea es pues una región de campesinos, pescadores, gente pobre, humildes y muchos marginados por la sociedad de su época; y justamente a ellos se dirige Jesús; mostrando con ello que el amor de Dios ha salido a buscar la oveja perdida y la que está enferma, para traerla de nuevo al redil.
No en vano el Evangelista ve en ese acto el cumplimiento de la antigua profecía que Isaías dirigía a la Galilea allende el mar: “El pueblo que andaba en tinieblas vio la luz de un gran día; habitaban en sombras de muerte y una luz les brilló”.
Y en verdad que la vida de Jesús, sus palabras, sus signos, sus milagros, su presencia fue para las gentes de Galilea una luz que encendió en ellos la llama de la esperanza.
Si miramos nuestra situación no dista demasiado de la de esa Galilea a la que se dirige Jesús: tal vez no estamos empobrecidos materialmente, o tal vez sí; pero nos aqueja la pobreza del espíritu; las tinieblas del miedo, de la tristeza, de la soledad se ciernen sobre nosotros, y entonces también necesitamos que la luz del Señor, la luz de la alegría, la luz de la esperanza brille sobre nosotros.
Eso es lo primero que le pedimos al Señor en este día: que nos saque nuestras oscuridades, de las tinieblas del error, de la desesperanza, y que nos lleve al reino de la luz, para que volvamos a tener motivos para esperar y para soñar.
Pero volvamos al Evangelio; allí vemos que Jesús inicia su predicación proclamando la cercanía del Reinado de Dios; es decir, que Dios mismo quiere venir a vivir con su pueblo, a caminar con Él, que quiere ser como el pastor que conduzca a sus ovejas, que vende a las heridas, que proteja a las débiles, que cargue a las que no tienen fuerzas.
Y la única condición que Jesús pone para esto es la conversión, volverse a Dios… y es que si miramos a nuestra vida, muchas veces podremos descubrir que no es que Dios esté lejos de nosotros, es que nosotros hemos decidido vivir lejos de Él.
Las tinieblas del pecado son una barrera que nos separa de Dios, y por eso debemos muchas veces clamar a Jesús, el Cordero que quita el pecado que nos ayude en nuestra lucha contra el pecado, que nos regale fuerzas y humildad para reconocernos limitados y emprender el camino del cambio y de la conversión que nos ayude a vivir la novedad y la alegría de la presencia de Dios junto a nosotros.
Finalmente el Evangelio nos presentaba la llamada de los primeros cuatro discípulos: Pedro y Andrés, Santiago y Juan, llamados por Jesús para ser pescadores de hombres…Jesús se empeña en su misión de llevar la luz al pueblo, pero para eso llama a sus primeros colaboradores, de esa manera la luz podrá multiplicarse más prontamente.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Qué bueno que también nosotros nos sintiéramos llamados a esa tarea: en medio de tantas tinieblas y oscuridades que se ciernen sobre nuestro mundo, los cristianos somos llamados a ser luz del mundo, a ser ciudad edificada sobre la cima del monte que de luz a todos… para eso nos llama Jesús, para ser pescadores de hombres, para alcanzar a muchos con la Palabra de Dios que puede transformar su vida.
4. Contemplación:
Que ese sea nuestro compromiso: primero dejarnos iluminar por el Señor, dejar que Él saque fuera las tinieblas de nuestros miedos y de nuestros pecados y que comuniquemos la luz del Señor a los demás, de esa manera permitiremos que el Reino de Dios siga siendo realidad en medio de nosotros.
