DOMINGO 01 DE MARZO
II DE LA CUARESMA
“Ahora esa gracia se ha hecho visible”
Génesis 12, 1-4a, Salmo 32, 2 Timoteo 1,8b-10; Mateo 17,1-9
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
- En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
En el marco del camino de nuestra Cuaresma, la Palabra del Señor que la Iglesia nos regala para este domingo, segundo de nuestro itinerario espiritual hacia la Pascua, podría resumirse en dos actitudes: escuchar y contemplar.
Detengámonos en cada una de ellas, tratando de ver cómo ellas nos indican un camino y una espiritualidad para vivir mejor este tiempo de Cuaresma.
Comencemos por la escucha: hemos escuchado en la primera lectura el texto del libro del Génesis en el que Dios llama a Abraham, y lo invita a salir de su tierra para vivir la aventura de la fe, caminando detrás de la promesa que el mismo Señor le hacía.
Es muy significativa la lógica como se desarrolla el texto: Dios es el primero en intervenir, y lo hace con su Palabra que resuena de manera singular y solemne, como dando una orden a quien escucha: “Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré”; y luego viene la respuesta de Abraham; una respuesta que carece de palabras, pero que se muestra en la acción: “Abrán marchó, como le había dicho el Señor”.
En definitiva, detrás de todo este movimiento de llamada de Dios y respuesta de Abraham hay un elemento fundamental: la escucha diligente de Abraham, que supo abrir el oído para acoger atentamente la Palabra de Dios en su vida, para descubrir en esa Palabra el camino de felicidad que se le proponía, y entonces responder con su obediencia, que en definitiva es fruto maduro de la escucha, no en vano en latín, obedecer se dice ob audire, es decir: escuchar bien, saber escuchar.
Ahora bien, lo que descubrimos con Abraham es que si queremos vivir una verdadera vida de fe lo primero que tenemos que hacer es abrir el oído para escuchar la voz del Señor; no en vano es esa la invitación y el llamado que nos ha hecho Dios Padre en el Evangelio de la transfiguración que hemos escuchado: “Este es mi hijo amado, escúchenlo”.
Y es que en Jesús Dios nos habla de una manera nueva para mostrarnos el plan de amor y de salvación que Dios tiene para cada uno de nosotros; pero lamentablemente, en medio de tanto ruido, y de tantas voces tentadoras que nos señalan en cada momento tantos caminos de felicidad a veces es difícil escuchar la voz de Dios, o a veces incluso la confundimos con otras voces, y entonces, terminamos experimentando las consecuencias de caminar por un camino que acaba por apartarnos del Señor.
Por eso debiéramos preocuparnos más por escuchar más y mejor, abriendo los oídos del corazón para acoger realmente la Palabra de Dios que habla a nuestra vida.
Y fruto de la escucha es la contemplación: San Pablo, escribiéndole a Timoteo le ha dicho que en Jesús podemos contemplar la realización de la salvación que Dios nos regala.
Y justamente es lo que ha querido mostrarnos el Evangelio de la transfiguración, cuando Jesús se ha anticipado a mostrar a los discípulos lo que será el final del camino: El Jesús transfigurado del tabor, es un anticipo del Jesús resucitado de la Pascua.
Y por eso, mirarlo y contemplarlo es descubrir que sólo en Él está el camino de salvación que nos salva.
En medio de un mundo que nos ofrece tantos modelos de vida, tantos rostros que a veces nos deslumbran y tantas ofertas que nos enceguece, hay que tener la mirada clara para descubrir que sólo el camino de Jesús salva.
Es fácil dejarse deslumbrar por la belleza de la fama, del dinero, de la ambición; la belleza de Jesús no es cómoda, porque incluye siempre la cruz, pero en definitiva sólo esta es la belleza que salva, la que transforma el mundo.
La oración colecta de este día bien puede sintetizar todo lo que nos dice la Palabra y lo que a través de ella le decimos al Señor: a Él que nos ha mandado escuchar a su Hijo, le pedimos que alimente nuestro corazón con su Palabra, y sobre todo que con mirada limpia nos ayude a contemplar gozosos la gloria de su rostro.
- Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Señor, en este segundo domingo, ayúdanos a ser como Abraham, con un oído dispuesto a escucharte y poner en práctica tu llamado de amor.
4. Contemplación:
Que escuchando con fe la Palabra y acogiéndola en nuestra vida, podamos contemplar en Jesucristo la presencia de Dios que nos muestra el camino de la cruz como camino de salvación.
