DOMINGO 15 DE MARZO
IV DE LA CUARESMA
“Levántate de la muerte y el Señor será tu luz”
1 Samuel 16.1b.6-7.10-13a, Salmo 22, Efesios 5,8-14; Juan 9,1-38
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
- En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
Unidos a la Iglesia seguimos caminando hacia la noche Pascual, en la que a contemplar el misterio de Cristo resucitado vamos a renovar la gracia del Bautismo, que nos sumergido a su Pasión y nos ha unido al misterio de su Gloria.
Y la liturgia de estos domingos justamente quiere ser para nosotros una preparación espiritual para comprender el profundo misterio de gracia que encierra nuestro Bautismo, por eso contemplábamos hace ocho días la imagen del agua viva, que es el signo del Espíritu que se ha derramado en nuestros corazones en el signo del agua bautismal; y hoy, contemplamos el misterio del Bautismo en la imagen de la luz.
Y esa imagen de la luz San Juan la emplea mostrándonos un contraste entre dos realidades: de un lado un hombre ciego de nacimiento, al que Jesús, luego de ungir con barro en sus ojos envía a lavarse a la piscina de Siloé, y logra recobrar la vista; y todavía más, luego de una confrontación con las autoridades de su tiempo vuelve a ser encontrado por Jesús quien se le revela como su salvador, y entonces el hombre termina exclamando: “Creo, Señor”. Este hombre no sólo comenzó a ver con los ojos del cuerpo, sino que por el encuentro con Jesucristo pasó de la oscuridad a la luz de la fe, que le dio un nuevo horizonte en su vida.
De otro lado están los padres de este hombre, las autoridades judías, los sacerdotes del templo, que aunque ven con sus ojos, tienen su corazón cerrado para no ver la acción de Dios, y por eso no sólo no alcanzan a comprender lo que ha sucedido con este hombre, sino que además se niegan a creer; estos que ven, se sumergen cada vez más en la oscuridad de quien no cree; porque solamente la fe es la verdadera luz que puede dar sentido a la vida del hombre.
A lo mejor también a nosotros nos pasa así: que aunque vemos con nuestros ojos, nuestro corazón está lejos del Señor y a veces cerramos tanto nuestra vida a su gracia que caemos en la oscuridad de la tristeza, del dolor, y la peor de todas las oscuridades que es la del pecado, que nos postra, nos paraliza, nos enceguece, nos tapa la vista para no ver la gracia de Dios.
Tal vez necesitemos escuchar esas palabras que San Pablo nos recordaba en la segunda lectura: “Despierta tú que duermes, levántate de la muerte y Cristo será tu luz”; es esa la invitación que hoy el Señor nos hace: a que salgamos del reino de las tinieblas y de las oscuridades que nos rodean; a que nos sacudamos de las obras que son propias de los hijos de las tinieblas y a revestirnos de las obras de los hijos de la luz; ese es el camino de la conversión que nos conduce en este tiempo con el ruego de Pablo que escuchábamos el miércoles de ceniza: “Déjense reconciliar con Dios”.
La Iglesia primitiva llamaba al Bautismo iluminación: es decir el día en que se encendía en el corazón de las personas la luz de la fe, que les daba un horizonte nuevo en su vida, y que por la gracia del Espíritu eran capacitadas para obrar el bien, para dejar su vida de pecado y caminar como hijos de la luz; es por eso que siempre en el Bautismo se le entrega a los padres y padrinos una luz, que es el signo de la gracia de Cristo que enciende el don de la fe.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Y si esa luz se nos apaga, por la fuerza de la oscuridad del pecado que se cierne sobre nosotros, pues tenemos el sacramento de la Reconciliación, que es como un dejarse iluminar por la gracia de Dios que enciende con la luz de su amor una llama capaz de echar fuera las oscuridades del pecado y devolvernos a la dignidad de hijos de Dios; por eso qué mejor manera de prepararnos para vivir la Pascua y para renovar nuestro Bautismo que acercándonos al Sacramento de la reconciliación y experimentar la luz del Señor que disipa nuestras tinieblas y nos ayuda a ver con seguridad el camino que Él ha trazado para nosotros.
4. Contemplación:
No caminemos en tinieblas, al contrario, caminemos la luz del Señor y dejemos que su gracia brille en nosotros para que sí como en otro tiempo éramos tinieblas, ahora podamos caminar a la luz del Señor.
