DOMINGO 29 DE MARZO
DOMINGO DE RAMOS, EN LA PASIÓN DEL SEÑOR
“¿Hasta dónde sigo a mi Señor?”
Isaías 50.4-7; Salmo 22(21); Filipenses 2,6-11; Mateo 26, 14 – 27,66
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
- En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
San Pablo en el texto de la segunda lectura que acabamos de escuchar, ha sintetizado toda la historia de Cristo como un camino de abajamiento y humillación para realizar en la obediencia el proyecto de Dios; una obediencia hasta la muerte que lo ha llevado a ser exaltado por Dios como Señor y salvador.
Pero ese camino de obediencia por el que entró Jesús no es un camino fácil; esa obediencia hasta la muerte y muerte de cruz fue muchas veces probada. Ya en el primer domingo de cuaresma nos presentaba el Evangelio el momento en el que Jesús fue tentado en el desierto: tentado en buscar su comodidad, en la seducción del poder, en la búsqueda del aparecer, pero veíamos también como Jesús superaba esas tentaciones apoyado en la Palabra de Dios y en su confianza en el proyecto del Padre.
San Lucas, al final del relato de las tentaciones agrega que el demonio lo dejó hasta el momento oportuno; como diciendonos que la tentación no fue sólo un momento en la vida de Jesús, muchas veces el tentador quiso separarlo del camino del Padre. Apareció por ejemplo en la multiplicación de los panes cuando la gente quiso llevárselo para hacerlo rey y tuvo entonces que retirarse en soledad en oración para encontrar de nuevo en el Padre el sentido de su vida y de su misión; o también cuando después de anunciar su muerte se ve tantado ppr Pedro que le dice: eso no puede pasarte Señor, por lo que Jesús tuvo que decirle a Pedro: apártate de mi vista Satanás que me haces tropezar, tú piensas como los hombres y no como Dios.
En el relato de la pasión que acabamos de escuchar vemos como Jesús se vuelve a ver tentado: el primer lugar en Getsemaní vemos la lucha interna de Jesús que ora al Padre diciendo: Padre mío, si es posible que pase de mi este cáliz. Es la lucha de quien siente su carne débil frente al misterio de la cruz y vive con fuerza ese querer hacer la voluntad de Dios pero sentirse angustiado frente a la dureza de la cruz; pero también en ese momento Jesús desecha la tentación diciendo: “que no se haga como yo quiero, sino como quieres tú”.
La tentación aparece también cuando uno de los que están con Él en el huerto agarró la espada y cortó la oreja al criado del sumo sacerdote; es la tentación de seguir el camino de la violencia, de querar imponerse por la fuerza, de renunciar al camino de la entrega generosa y de la cruz. Nuevamente Jesús dice: “Envaina la espada ¿piensas que no puedo acudir a mi Padre? Pero ¿cómo se cumplirían entonces las escrituas que dicen que esto tiene que pasar?. Otra vez Jesús se aferra a la voluntad del Padre que Él quiere que se cumpla.
Finalmente, aún estando ya en la cruz, nos ha dicho San Mateo, los que pasaban le decían: “si eres Hijo de Dios bájate de la cruz” y los escribas y ancianos también le gritaban: “Que baje ahora de la cruz y le creeremos. Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: soy Hijo de Dios”. Pero Jesús nuevamente no cede, Él no demuestra que es Hijo de Dios bajándose de la cruz; Él nos muestra que es Hijo de Dios asumiento el proyecto de Dios que pasa por la cruz, ÉL es el Hijo que aprendió sufriendo a obedecer como dice la Carta a los Hebreos.
Esta semana, como lo hemos comenzado a reflexionar desde nuestra procesión, queremos meditar en cómo permitir que Cristo se forme en nosotros; y para hacerlo la liturgia de este día nos ofrece una gran lección: Cristo no quiso hacer nunca nada que no fuera la voluntad de su Padre; de hecho, a sus discípulos les dijo: “mi alimento es hacer la voluntas de mi Padre”; y es lo que hemos visto realizar en su entrega en la cruz. Su obediencia hasta la muerte no es otra cosa que el camino para realiza su ser de Hijo de Dios, que se confía siempre en las manos del Padre.
Si queremos que Él se forme en nosotros también debemos esforzarnos por asumir en nosotros la voluntad de Dios. Es verdad que esto como a Jesús nos pondrá en un camino de lucha constante: no es fácil asumir la voluntad de Dios cuando eso implica dolor y cruz; es muy fácil hacer lo que Dios quiere cuando es cómodo y coincide con lo que nosotros queremos, pero cuando la voluntad de Dios nos exige desprendimiento de nosotros mismos, de nuestros proyectos, de nuestro egoísmo, entonces nos cuesta y luchamos contra ello.
Pero el camino de Jesús es, como nos lo dijo San Pablo, el camino de la obediencia, del comprender que la voluntad de Dios es siempre más grande y mejor que la nuestra, que sólo cuando hacemos y buscamos lo que Dios quiere, sólo entonces somos verdaderamente libres y felices.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
En el Padre nuestro decimos siempre: “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”; es una petición que no es fácil de decir, sobre todo cuando somos conscientes que la voluntad de Dios no siempre coincide con la nuestra; pero esa es nuestra lucha, y debe ser nuestro deseo, sólo cuando acogemos la voluntad de Dios vivimos en el cielo, porque allí siempre se hace la voluntad de Dios.
4. Contemplación:
Miremos estos días también el ejemplo de la Virgen María: ella en la anunciación dijo: “hágase en mí según tu Palabra”; y esto no sólo lo dijo en el gozo de sentirse elegida para ser madre del salvador, lo tuvo que repetir muchas veces en su vida, aún en medio del dolor cuando estaba de pie ante la cruz de su Hijo. Que como ella también nosotros queramos siempre y en todo buscar la voluntas de Dios y así permitir que Cristo se forme en nosotros.
