DOMINGO 26 DE ABRIL
IV DE LA PASCUA
“EL SEÑOR ES MI PASTOR”
Hechos 2, 14a.36-41; Salmo 22; 1 Pedro 2,20-25; Juan 10,1-10
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
En el marco de la celebración de la Pascua del Señor, la Iglesia nos invita a meditar en este domingo en la imagen de Cristo como Buen Pastor.
Era costumbre en el antiguo Oriente que los reyes se llamaran a sí mismos pastores de su pueblo. Era una imagen de su poder, una imagen cínica: para ellos, los pueblos eran como ovejas de las que el pastor podía disponer a su agrado.
Por el contrario, Cristo, el pastor de todos los hombres, se ha hecho él mismo cordero, entregándose a la muerte por nosotros; así lo había profetizado Isaías de Él, y así lo recordábamos el Viernes Santo: “como cordero llevado al matadero enmudecía y no abría la boca; y con todo, eran nuestros pecados los que llevaba, nuestro castigo saludable cayó sobre Él”.
Y precisamente, al ponerse de parte de los corderos, de los que son pisoteados y sacrificados, se nos ha revelado Él mismo como el verdadero pastor: “Yo soy el buen pastor; yo doy mi vida por las ovejas”, dice Jesús de sí mismo; y con ello nos muestra que no es el poder lo que redime, sino el amor. Éste es el distintivo de Dios: Él mismo es amor.
Y esa imagen del amor de Dios, nos queda muy bien dibujada en la página del almo responsorial que hemos proclamado: un salmo que no es otra cosa que un dulcísimo canto a presencia de Dios que acompaña nuestra vida.
Fijémonos cómo el salmo comienza por mostrarnos a un pastor que sabe dirigirse a los oasis y a los pastos, que sabe evitar los caminos peligrosos y sabe defender contra los enemigos mortales. Pero más allá de todo eso, que es ya en sí mismo una muestra de la valentía propia del pastor, el salmista nos dice que Él está con nosotros, es decir, que Él es, sobre todo, el compañero de viaje, para quien las horas de su rebaño son sus propias horas, los mismos riesgos, la misma sed y el hambre y el mismo sol cae implacable sobre Él y sobre el rebaño.
¿Acaso no es ésta la más bella imagen de Dios que podemos tener? ¿Acaso no es esta la mejor imagen del amor de Dios?
Un Dios que como había profetizado el mismo Isaías, es Dios-con nosotros; es decir, es compañero de camino en medio de las luchas y fatigas de cada día. Es por eso que un verdadero cristiano no es uno que pueda decir que no tiene problemas, que todo le marcha bien en su vida; pero lo que sí puede decir con la certeza que brinda la fe, es que no está sólo, que junto a Él está el amor de Dios, ese del que San Pablo dice, que nada, ni la muerte ni la vida, ni el hambre ni la desnudez, ni los peligros ni la espada, ni lo de arriba ni lo de abajo, nada podrá separarnos jamás.
Ahora bien, esta imagen del Pastor ha sido comúnmente relacionada en la Iglesia con la figura del sacerdote, a quien se mira como al pastor que debe amar a los hombres que le han sido confiados, tal como ama Cristo, a cuyo servicio está.
“Apacienta mis ovejas”, le dijo el Señor resucitado a Pedro, y también lo ha repetido a todos los sacerdotes el día de su ordenación; y apacentar quiere decir amar, y amar significa dar el verdadero bien a las ovejas, el alimento de la verdad de Dios, de la palabra de Dios; el alimento de su presencia, que él nos da en el Santísimo Sacramento.
Por eso hoy al contemplar la figura del Buen Pastor, sólo podemos pedirles que rueguen por nosotros, para que aprendamos a amar cada vez más al Señor, y amándolo a Él, podamos aprender a querer cada vez más a nuestro rebaño, a ustedes, la Santa Iglesia, el rebaño de Dios.
Pero de este ministerio pastoral de Cristo no sólo participamos los sacerdotes, sino que participa a su modo todo el pueblo de Dios, cuando sabe guiar y orientar, cuando somos capaces de señalarnos el camino unos a otros, cuando nos ayudamos a caminar.
- Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Pidamos al señor que a todos nos ayude a ser pastores al estilo de Cristo Jesús; y sobre todo que nos de humildad y sencillez de corazón para dejarnos conducir por Él, y llegar así a tener vida y vida en abundancia.
4. Contemplación:
Y como iglesia oremos hoy por las vocaciones sacerdotales y religiosas, para que el Señor siga llamando a muchos a ser imagen del Buen Pastor en medio de su Iglesia.
