DOMINGO 03 DE MAYO
V DE LA PASCUA
“YO SOY EL CAMINO Y LA VERDAD Y LA VIDA”
Hechos 6,1-7; Salmo 32; 1 Pedro 2,4-9; Juan 14,1-12
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
- En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
La página del Evangelio que hemos escuchado este domingo vuelve nuestra mente a la cena de despedida de Jesús con sus discípulos; allí, en ese momento entrañable y de intimidad profunda, Jesús deja su testamento espiritual a sus discípulos.
Y en los versículos que hemos escuchado hoy, se sintetiza muy bien el mensaje que el Señor quiere darles en tres ideas: Jesús les presenta la meta, el camino y cómo caminar.
En primer lugar está la meta, hemos escuchado en el Evangelio: “En la casade mi Padre hay muchas habitaciones… me voy a prepararos un lugar”.
Jesús ha dedicado toda su vida a revelar a las gentes que lo seguían el misterio de un Dios a quien Él mismo presentó como un Padre de amor; pero lo que dice ahora Jesús a sus discípulos es quizá lo más grande y profundo que ha podido decirnos sobre su Padre; Jesús nos dice que en Dios hay espacio para el hombre, que Dios mismo es la casa de tantas habitaciones, y que por eso Dios es la meta de toda nuestra vida.
Los cristianos no vagamos por el mundo como sin rumbo; el misterio de la Resurrección de Jesús que estamos celebrando en este camino Pascual no es otra cosa que la revelación más profunda de que a cuanto nos hemos unido a Cristo nos aguarda por la fe un destino semejante al suyo; y que así como Cristo está en Dios, también nosotros vamos caminando hacia Dios, que es la meta definitiva, en quien encontraremos, como lo decía el Evangelio de hace ocho días la vida y vida abundante.
Pero teniendo muy clara esa meta, Jesús en segundo lugar les revela el camino: y ese camino no es otro que Él mismo: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida”, les ha dicho el Señor.
Es una expresión muy significativa, porque nos muestra que si queremos llegar a hasta Dios no podemos irnos por cualquier camino; hay muchos caminos que e nos ofrecen en la vida como caminos que conducen a la felicidad y lo que terminan es llevando al hombre a experimentar sus propias miserias.
Por eso Jesús no sólo dice que Él es el camino, sino que es la verdad, porque sólo quien camina con Jesús y en Jesús encuentra el camino seguro y verdadero, el camino que no defrauda, sino que lleva a la vida.
Es muy fácil dejarse engañar y deslumbrar por otros caminos; pero la fe no es otra cosa que aprender a caminar en la lógica de Dios, siguiendo el camino de Dios; y obviamente que esto es difícil, porque a nosotros nos gusta caminar a nuestro ritmo, explorar otros senderos, pero estas aventuras nos siempre conducen a oasis de vida, y muchas veces terminamos como la oveja perdida, extraviados, lejos del camino y lejos del pastor que puede guiarnos… ¿no será que también nosotros necesitamos que Dios nos encuentre en los lugares por dónde nos hemos extraviado y nos vuelva al camino?.
Y finalmente, conociendo la meta, y sabiendo el camino, el Señor nos dice cómo debemos caminar: “Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores”, nos decía el Señor al final de esta página del Evangelio.
Uno que camina en Jesús y que camina hacia Dios no puede caminar de cualquier manera… el mismo Señor lo dice con claridad en el Evangelio: “por sus obras los conoceréis” y nos dice también “brille así vuestra luz delante de los hombres para que viendo vuestras buenas obras den gloria a vuestro Padre”.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Caminar en Jesús y hacia el Padre implica una profunda coherencia de vida, que es la mejor muestra de que caminamos en el camino correcto. Porque cuando uno camina con Jesús termina pareciéndose a Él, y esa debe ser la medida para saber si estamos en el camino correcto: saber si somos como Él, si actuamos como Él.
Si esto no es así, seguramente necesitemos replantear nuestro camino, no sea que queriendo llegar a Dios, terminemos por apartarnos de Él.
4. Contemplación:
Pidámosle al Señor que nos ayude a ser cristianos que caminemos con esperanza de cielo, pero que caminemos con los pies en la tierra, viviendo conscientemente nuestra fe, para que así podamos también ayudar a que muchos encuentren el camino del Señor, el único que puede llevarnos a la vida plena y feliz que sólo Él nos ofrece.
