DOMINGO 10 DE MAYO
VI DE LA PASCUA
“LE PEDIRÉ AL PADRE OTRO DEFENSOR”
Hechos 8,5-8.14-17; Salmo 65; 1 Pedro 3,1.15-18; Juan 14,15-21
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
- En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
Hemos llegado al sexto domingo de Pascua, ya el próximo domingo estaremos celebrando junto con la Iglesia la solemnidad de la ascensión del Señor; y por eso, la liturgia de la Palabra de este domingo tiene un tinte de testamento espiritual que el maestro deja para sus discípulos.
Y ese testamento lo encontramos en la página del Evangelio que se enmarca nuevamente en la cena de despedida de Jesús, en la que sus discípulos seguramente consternados y abatidos por las palabras del Señor que les habla de su partida, se sienten desorientados; y es allí cuando el maestro, con su bellísima pedagogía los consuela, y les explica con calma lo que viene también para ellos.
Lo primero que el Maestro les dice a sus discípulos es que ellos no se tienen que sentir desorientados por lo que viene, la ausencia de Jesús no significa que su mensaje haya sido en vano, al contrario, es ahora cuando los discípulos, con sus actitudes concretas, deben encarnar ese estilo de vida que el Señor les ha mostrado.
Y es entonces cuando el señor les dice: “si me amáis guardaréis mis mandamientos”. Es una expresión muy significativa: lo primero que el Señor les dice es que hay un camino y un estilo de vida que ellos deben encarnar: el camino de los mandamientos; pero estos no deben ser asumidos como una carga pesada sino como una experiencia que brota del amor a Jesús.
Y en definitiva guardar los mandamientos no es otra cosa que vivir el camino del amor; recordemos que ese fue el mandamiento del Señor: “amarnos unos a otros como Él nos ha amado”, que es la mejor expresión del amor que también le tenemos a Dios.
Un verdadero discípulo de Jesús es uno que en su vida encarna el camino de los mandamientos que no es otro que el camino del amor, que nos lleva a ser felices y bienaventurados en la práctica de actitudes concretas de justicia, caridad, paz, solidaridad, entrega, servicio y perdón.
Pero luego de que Jesús les ha señalado el estilo de vida que los debe identificar, les dice que no estarán solos en esa tarea; sino que les promete enviarles desde el Cielo otro defensor, que los acompañe: “Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad”.
Es muy significativo que cuando Jesús hace la promesa del Espíritu a sus discípulos lo identifique con el apelativo de Espíritu de la verdad; tal vez con eso quiere indicar a sus discípulos que la presencia del Espíritu en ellos los ayudará a no dejarse engañar por caminos de mentira que quieran apartarlo del amor del Señor.
El Espíritu Santo es como la conciencia que nos acompaña y que nos ayuda con su don de Sabiduría a discernir en cada momento qué es lo correcto, no según nuestros criterios, a veces mentirosos y falseados, sino según el criterio de Dios que es siempre la verdad.
Pero la acción del Espíritu no termina ahí; Jesús les dice a sus discípulos que “dentro de poco el mundo ya no lo verá, pero que ellos sí que lo verán y vivirán”.
Es el Espíritu de Dios el que nos comunica a nosotros la vida de Dios, es el que nos regala el donde a fe que nos ayuda a reconocer la presencia de Dios en nuestra vida.
Sin la fuerza del Espíritu Santo actuando en nosotros seríamos incapaces de conocer y de amar a Dios, por eso Él además de defensor es el pedagogo de la fe, que nos lleva a reconocer en todo la presencia de Dios, y por eso, como dice San Pablo: nos hace clamar: Abbá, Padre.
Cuánto necesitamos también nosotros esa fuerza del Espíritu que nos ayude también en nuestra vida a discernir siempre cuál es la voluntad de Dios; cuántas veces por imponer nuestros caprichos humanos hemos terminado apartándonos no sólo del amor a Dios sino también del amor a nuestros hermanos. Cuántas veces dejamos de reconocer la presencia de Dios que no deja de actuar en nuestra vida.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Estas últimas semanas de Pascua la Iglesia intensificará su plegaria diciendo: “Ven, Espíritu Santo”; qué bueno que también nosotros nos unamos a ella para pedirle al Señor que reavive el don del Espíritu que habita en nosotros, para que siguiendo su luz y cumpliendo sus mandamientos, podamos llegar a dar, como nos lo decía San Pedro en la segunda lectura, razón de nuestra esperanza, a cuantos vagan por el mundo errando el camino y lejos del Señor.
4. Contemplación:
Que la Virgen María nos acompañe con su auxilio, y que ella nos ayude a aguardar la promesa del Espíritu y a abrirnos con docilidad a su acción en nosotros.
