DOMINGO 28 DE JUNIO
13° DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
“El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí»
2 Reyes 4,8-11.14-16a; Salmo 88; Romanos 6, 3-4.8-11; Mateo 10, 37-42
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
1. En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
Concluimos hoy la lectura del capítulo 10 del Evangelio de San Mateo que ya habíamos iniciado la semana anterior; todo este capítulo recopila en un sermón las indicaciones que Jesús dio a sus discípulos antes de enviarlos como misioneros a anunciar el Reino de Dios.
Podríamos decir que el texto que hemos escuchado hoy tiene dos partes: en primer lugar, Jesús pone algunas condiciones a sus discípulos para identificarse como tales; y en segundo lugar, da unas indicaciones a quienes los recibirán como discípulos que son.
Detengámonos en cada uno de estos aspectos.
En un primer momento Jesús, es consciente de que los discípulos que van a la misión deben siempre identificarse como tales; y entonces les hace algunas exigencias: la primera puede sonarnos muy fuerte: “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí”.
Es una expresión que si se lee de manera aislada puede darnos la impresión de que Jesús está en contra del amor a la familia; aún cuando en la ley de Dios está consagrado: “Honra a tu Padre y a tu madre”; sin embargo, si vamos al fondo de las palabras de Jesús, Él nos está invitando a algo todavía más grande: nos está diciendo que el primer lugar en el corazón no puede ser para ninguna persona, sino que el corazón del discípulo tiene que girar siempre en torno a Dios.
Es lo que nos dice también el primer mandamiento: “Amar al Señor con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas”; y teniendo a Dios en el centro del corazón, entonces se puede amar al padre, a la madre, a los hijos y a las hijas y a todas las personas con un amor nuevo, con el amor de Dios.
Quien no tienen a Dios en el corazón confunde muy pronto el amor con el deseo, con la manipulación, con la utilización del otro con fines egoístas; quien tiene a Dios en el corazón es capaz de amor con un amor que da la vida, con el amor de Dios.
Luego viene otra condición de Jesús: “Tomar la cruz”; es una indicación con la que Jesús en que el camino de la vida no es siempre un camino fácil como quisiéramos; la cruz representa en la vida cristiana los retos, los esfuerzos, la necesidad de empeñarse en cada cosa; y esa cruz no debe ser asumida a regañadientes o forzosamente, sino que un discípulo de Jesús la debe asumir siempre con alegría, sabiendo que la perseverancia en las luchas cotidianas se convierte en camino de salvación; como le dijo Jesús a sus discípulos en otro lugar: “En el mundo tendréis luchas, pero tened valor, Yo he vencido al mundo”, y el discípulo, asumiendo su cruz como la de Jesús puede también en ella vencer al mundo.
Y una última indicación hace todavía Jesús: “El que encuentre su vida la perderá, el que la pierda por mí la ganará”. Es parte de nuestro instinto el protegernos a nosotros mismos, pero Jesús quiere sacarnos de esa condición y ponernos a pensar que la vida no es para guardarnos, sino más bien para darnos, para entregarnos: en el perdernos está el ganarnos. Sólo una vida vivida con ese sentido de donación hace que nos ganemos para la vida eterna.
Ahí están las exigencias de Jesús a sus discípulos, como una manera de que vivan auténticamente su identidad: darle el primer lugar en el corazón a Dios, tomar la cruz, y dar, entregar la vida.
Luego viene una segunda parte en el Evangelio: una indicación de Jesús a quienes reciban a sus discípulos: “el que os recibe a vosotros me recibe a mí”.
De alguna manera es una promesa para toda la historia que abre el horizonte de la Evangelización. Estamos llamados a recibir a los mensajeros de Dios; pero sobre todo a recibir su mensaje en nuestro corazón.
El Evangelio es camino de salvación, y nosotros necesitamos abrirnos de par en par a Dios para permitir que Él con la fuerza de su Palabra nos haga nuevos.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Pidamos que que nuestra fe no dependa de los mensajeros: no creemos en Jesús por un sacerdote, ni podemos dejar de creer en Él por la maldad o el pecado de un sacerdote. Creemos en Él porque su Evangelio nos da vida.
4. Contemplación:
Ojalá oremos siempre por los ministros del Evangelio que somos los primeros llamados a ser coherentes con nuestra vida, para que así seamos testimonio del amor de Dios; pero ojalá acojamos el Evangelio por encima de los anti testimonios que vemos, y haciéndonos discípulos, alancemos la vida que Dios nos ofrece.
