DOMINGO 23 DE AGOSTO
DOMINGO VIGÉSIMOPRIMER DEL TIEMPO ORDINARIO
“En manos de gente débil»
Isaías 22, 19-23, Salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 6 y 8bc, Romanos 11, 33-36, Mateo 16, 13-20
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
1. En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
El episodio que leemos hoy es importante para el nacimiento de la primera comunidad, y por tanto de la Iglesia.
Como respuesta a un expresivo acto de fe por parte de Pedro, Jesús le alaba y le anuncia la misión que ha pensado para él en la primera comunidad. En otras ocasiones le dice que le hará «pescador de hombres», o le encomienda que «apaciente sus ovejas». Hoy emplea dos imágenes más: Pedro será la «piedra» sobre la que quiere edificar su Iglesia, y además le dará «las llaves» de esa comunidad que Cristo quiere fundar.
No encontraremos aquí argumentos para las diversas formas de ejercer el «primado» de Pedro y sus sucesores, pero sí aparece que Cristo, que es la Roca auténtica y el que posee por título propio las llaves del Reino de los cielos, se ha querido servir de personas humanas, aunque sean débiles, como en este caso, para ir edificando su Iglesia.
Isaías 22,19-23. Colgaré de su hombro la llave del palacio de David
El profeta pronuncia un oráculo contra un tal Sobná, mayordomo de palacio del rey de Judá, que se ve que se hizo odioso por su arrogancia. Por ese orgullo será castigado, pasando su cargo a otro. El profeta expresa la destitución y el nuevo nombramiento aludiendo a unos signos de ese cargo: la túnica, la banda y, sobre todo, las llaves colgadas al hombro. El mayordomo era el que tenía autorización para abrir y cerrar las puertas de palacio. El sucesor sí será lo que el anterior no había querido ser: «padre para los habitantes de Jerusalén», que es para lo que es elegido un político o un administrador.
Es evidente que se ha elegido este episodio, en sí nada importante en la historia de Israel, para preparar lo que Jesús va a decir a Pedro, concediéndole las llaves del Reino.
El salmo recoge, sobre todo, la lección de humildad y confianza en Dios. Así como Dios castiga al mayordomo anterior, el salmista espera que se apiade de todos nosotros: «Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos», porque está seguro de que «el Señor se fija en el humilde y de lejos conoce al soberbio».
Romanos 11, 33-36. Él es origen, guía y meta del universo
La suerte de los judíos, los hijos de la promesa en el AT, pero que ahora parecen rechazar la salvación del Mesías enviado por Dios, sigue preocupando a Pablo, y le sugiere una larga serie de reflexiones (capítulos 9-11 de la carta).
Estas reflexiones terminan en el breve pasaje de hoy: un canto entusiasta de alabanza a Dios, de admiración por su sabiduría, que nosotros no entendemos, pero que es la que va guiando la historia de la humanidad.
Pablo plantea unas preguntas retóricas: ¿quién conoció… quién fue su consejero… quién le ha dado primero? Preguntas que, naturalmente, esperan una respuesta negativa: ¡nadie!, porque «él es el origen, guía y meta del universo». Él sabrá cómo ser fiel a las promesas hechas a su pueblo elegido y cómo conducirlo también a la salvación.
Mateo 16,13-20. Tú eres Pedro y te daré las llaves del Reino de los cielos
En un momento significativo de su ministerio, cuando acaba su estancia en Galilea y se dispone a subir a Jerusalén, Jesús plantea una doble pregunta a sus discípulos.
La primera es a modo de encuesta sobre lo que «la gente» opina de él. La respuesta es dispersa: unos que el Bautista, o que Elías, o que Jeremías, u otro profeta. La segunda pregunta es directa para ellos: ¿y vosotros? Pedro, una vez más, toma la palabra en nombre de todos y hace una ajustada confesión de fe: «tú eres el Mesías… (esta expresión es común también a los otros evangelios sinópticos, pero Mateo añade:) …el Hijo de Dios».
Con ello merece Pedro una alabanza por parte de Cristo, porque esta afirmación se la ha revelado Dios. Con una doble imagen le anuncia que ha pensado en él como jefe de la primera comunidad y le da como una solemne investidura: «yo te digo»… La imagen de la piedra, sobre la que edificará su Iglesia (una de las pocas veces que en el evangelio aparece la palabra griega «ecclesia», equivalente al «qahal» del AT, la comunidad de Yahvé), y la de las llaves del Reino de los cielos, que tendrá que administrar Pedro.
Jesús asegura que las «puertas del hades o del infierno (o del abismo, de la muerte) no prevalecerán contra esta Iglesia».
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
En este momento de oración y pensando en todo lo que recorre el Evangelio, y trayendo toda la historia, preguntémonos: ¿quién es Jesús?
4. Contemplación:
Nuestra fe en Cristo Jesús, ¿impregna de veras nuestra vida? ¿o se queda en la esfera del conocimiento teórico? No se trata sólo de formular exactamente nuestras convicciones teológicas, sino que lleguen a influir y configurar nuestra vida. Jesús, para nosotros, no es una doctrina, sino una Persona que vive y que nos interpela y que da sentido a nuestra vida.
Aldazábal, J. (2004).
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