DOMINGO 20 DE SEPTIEMBRE
VIGÉSIMOQUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
“Enséñame tus caminos»
Isaías 55, 6-9, Salmo 144, 2-3. 8-9. 17-18, Filipenses 1, 20-24. 27, Mateo 20, 1-16
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
1. En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
La parábola que hoy escuchamos en el evangelio es en cierto modo «escandalosa», porque parece favorecer una injusticia social, o al menos un cierto «despotismo» en el amo de la viña a la hora de pagar a los jornaleros. Ahora nadie aceptaría que uno que trabaja la mitad del tiempo que otro, cobre igual. En el mundo de hoy no entra demasiado el perdón, o la generosidad, o la gratuidad. En la mentalidad de Dios, sí.
Pero la intención de Jesús no es ciertamente darnos una lección de justicia social en las relaciones laborales, sino presentarnos, una vez más, el retrato de un Dios que es bondad y misericordia. Aunque nosotros muchas veces no entendamos los planes de Dios, estos planes están llenos de amor y de gracia, no sólo de justicia. Isaías nos prepara a escuchar esta parábola recordándonos que nuestros caminos no son los de Dios, ni sus planes son nuestros planes.
Isaías 55, 6-9. Mis planes no son vuestros planes
Este pasaje cierra la segunda parte del libro de Isaías con un mensaje optimista. El profeta quiere que nos convirtamos a Dios, al que describe como siempre fiel a su alianza y «rico en perdón», e invita a que todos rehagan su propio camino, si se han desviado («que el malvado abandone su camino») y «busquen al Señor».
Tanto para el anuncio de su perdón como para la invitación a convertirse, sirve el aviso de Dios: «mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos». La lógica de Dios no es nuestra lógica.
Por eso en el salmo encontramos, por enésima vez, la afirmación de que «el Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad». Parece como si quisiera preparar el mensaje del evangelio de hoy: «el Señor es justo en todos sus caminos», aunque muchas veces no le entendamos, porque en verdad «el Señor es grande y es incalculable su grandeza». Por eso se nos hace cantar: «Cerca está el Señor de los que lo invocan».
Filipenses 1, 20c-24.27a. Para mí la vida es Cristo
Durante cuatro domingos escucharemos unos pasajes de la carta de Pablo a la comunidad de Filipos. Filipos era una ciudad de Macedonia, al norte de la actual Grecia, llamada así porque la había fundado Filipo II, el padre de Alejandro Magno, en el siglo IV antes de Cristo.
Es una de las llamadas «cartas de cautividad», porque la escribió desde la cárcel. De esa comunidad, la primera que fundó en Europa, guardaba Pablo un recuerdo muy amable, que se nota en toda la carta.
En el pasaje de hoy les confiesa que se encuentra ante una alternativa: ¿le llevarán a la muerte? ¿le absolverán o al menos sobreseirán su causa y le dejarán vivo? Si le hacen morir, tal vez es lo mejor, porque Pablo «desea partir para estar con Cristo». Si le dejan en vida, tal vez «es más necesario para vosotros», y así podrá seguir trabajando por Cristo. «No sé qué escoger».
Mateo 20,1-16. ¿ Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?
La parábola que propone Jesús (y que es exclusiva del evangelio de Mateo) es voluntariamente desconcertante y paradójica: parece como si favoreciera la injusticia o al menos la voluntad omnímoda por parte del dueño de la viña sobre el salario de sus trabajadores. En verdad se cumple lo que había anunciado Isaías: «mis caminos no son vuestros caminos».
La parábola empieza con las diversas invitaciones al trabajo a distintos jornaleros, ociosos en la plaza del pueblo, a diversas horas del día. La parábola lleva al extremo la situación con la contratación de obreros a ultimísima hora. Pero lo que importa a Jesús es hacer ver la reacción de los que habían trabajado toda la jornada cuando ven que reciben lo mismo que los que han trabajado mucho menos. La respuesta de Jesús es rotunda: «¿es que no tengo libertad para hacer lo que quiero en mis asuntos?». Claro que con todos ha cumplido lo que era de justicia, lo que habían pactado, pero a los últimos ha querido ser magnánimo y les da más de lo que les tocaba.
La última afirmación es la que centra el mensaje: «¿o vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?».
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
La parábola que nos cuenta Jesús, y el ejemplo que nos da con su propia vida, nos enseñan que también nosotros tenemos que aprender bondad de corazón en nuestra relación con los demás. ¿Tendemos a reaccionar como los jornaleros de primera hora ante la generosidad que notamos en el amo para con los que se lo han merecido menos que nosotros? ¿somos propensos a los celos y a la envidia?
4. Contemplación:
No tendríamos que proyectar sobre Dios nuestros cálculos y nuestras medidas. A veces nos encontramos perplejos ante Dios, y no tenemos más remedio que reconocer que Dios es el Todo Otro, que es misterioso, que no le podemos encerrar en nuestras medidas, ni le admiten nuestras programaciones de ordenador. A veces quedamos en silencio ante Dios. No tenemos respuesta para todo. Pero lo que sí podemos estar seguros es que él sí la tiene, que nos quiere como un Padre bondadoso, que no lleva contabilidad de nuestras «horas extra», sino que nos concede gratuitamente sus dones. Él no se rige tanto por la justicia, cuanto por la gracia.
Tendremos que hacer caso de la recomendación de Isaías: «buscad al Señor», y pedirle una y otra vez: «enséñame tus caminos».
Aldazábal, J. (2004).
CENTRO DE PASTORAL LITURGICA.
DERECHOS RESERVADOS
CONFERENCIA EPISCOPAL DE COLOMBIA
