DOMINGO 18 DE OCTUBRE
VIGÉSIMO NOVENO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
«A DIOS LO QUE ES DE DIOS»
Isaías 45, 1.4-6; Salmo 95; 1 Tesalonicenses 1,1-5b; Mateo 22, 15-21
PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA
1. En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:
- ¿Qué elementos nos llaman la atención de este texto?
- ¿Qué expresiones captan nuestra atención?
2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:
- ¿Qué realidades de nuestra vida personal o comunitaria se iluminan a la luz de este texto?
- ¿Qué nos dice este texto acerca de la vida de nuestras comunidades?
- ¿Qué llamamientos nos hace este texto para nuestra vida?
También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:
Nos vamos acercando al final del año litúrgico, y con él vamos acercándonos al final de la lectura del evangelio de San Mateo que hemos venido haciendo. Hoy leemos precisamente el capítulo 22, que está marcado por ser un capítulo que presenta la controversia de Jesús con las autoridades judías: los fariseos, los herodianos, los saduceos y los doctores de la ley.
Fijémonos como el Evangelio de hoy comenzaba precisamente mostrándonos como los fariseos comienzan a tramar un plan contra Jesús, y para eso quieren ponerlo en situaciones que sean comprometedoras para él, y de allí surge la pregunta que hemos escuchado que le hacen: ¿es lícito o no pagar tributo al emperador?
La pregunta es muy significativa: en los tiempos de Jesús, el imperio romano mantenía una política muy fuerte de impuestos a sus provincias, para poder sostener su corte, sus ejércitos y su política expansionista; era tal la cantidad de impuestos que tenían que pagar los judíos a Roma, que el número de los pobres se había multiplicado en Israel.
Por eso, el pueblo que tenía las esperanzas puestas en Jesús como liberador, esperaba que él fuera capaz de denunciar las injusticias que llevaba consigo el sistema económico y político dominante.
Pero Jesús no cede a la pregunta de los fariseos ni a las esperanzas de un Mesías político que tenían muchos en Israel, sino que más bien aprovecha la ocasión, para reafirmar su proyecto del Reinado de Dios.
Fijémonos que Jesús pregunta: ¿de quién es la imagen y la inscripción que hay en la moneda? Y ellos le responde: del César; a lo que Jesús dice: “den al César lo que es del César”; eso demuestra que los mismo hombres hemos creado diversos sistemas y formas de organización social y económica que nosotros mismos hemos justificado y aprobado; pero Jesús también agrega: “den a Dios lo que es de Dios”, mostrando con ello que Dios también tiene un plan que ha trazado sobre la historia, y al que ha llamado a cooperar a todos los hombres que han sido creados a su imagen y semejanza.
Evidentemente el proyecto de Dios no admite ni justifica injusticias; de hecho, si miramos el momento de la creación del hombre, vemos que Dios lo pone en el paraíso, que es el lugar donde la familia humana se construye en solidaridad, justicia, y donde Dios como Padre providente vela por las necesidades de sus hijos.
Somos los hombres los que hemos creado esos sistemas que traen consigo la injusticia y la corrupción, que así como existían en tiempo de Jesús, siguen existiendo ahora; pero el plan de Dios es el de un mundo donde se viva la fraternidad, y eso es lo que Jesús anuncia cuando nos habla del Reinado de Dios.
Fijémonos que esto es justamente lo que nos narra la primera lectura: Dios escoge a Ciro, un rey extranjero como su instrumento para salvar al pueblo del destierro al que lo ha llevado Babilonia. Es esa la muestra de que incluso, los poderes políticos que tantas veces son injustos, si se abren a la acción de Dios pueden ser instrumento de su salvación.
Por eso Jesús aprovecha el momento y la pregunta de los fariseos para indicar a sus discípulos que ellos, “aunque están en el mundo, no son del mundo”, pero que deben comprometerse con las cosas temporales para construir en ellas el germen de las eternas. La actitud de un cristiano no es la “huida del mundo”, sino una Evangelización de las estructuras sociales que permita que sin descuidar las cosas de este mundo, no nos olvidemos de las eternas, dándole a Dios lo que a Él le pertenece: el lugar central en nuestra vida.
Nuestra tarea en el mundo consiste precisamente en eso; en trabajar todos unidos para construir entre nosotros el mundo que Dios ha soñado, desterrando todo género de corrupción, de inmoralidad, de robo, de violencia, de exclusión, y cambiándolas por un reino de amor, de vida, de paz, de esperanza y progreso para todos.
Esa debe ser nuestra tarea, sabiendo siempre que para cumplirla, necesitamos abrir de par en par las puertas del corazón para que su gracia actúe en nosotros, como un día lo hizo en Ciro, a quien Dios transformó en su instrumento escogido.
3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:
Debemos nosotros los cristianos también pensar muy bien en la responsabilidad que tenemos de elegir gobernantes que verdaderamente llevan a nuestra sociedad por caminos de justicia, de progreso y de paz; y también que tenemos la responsabilidad de orar por ellos, para que el poder no incline su corazón al mal, sino que ellos sean instrumentos para que el reino de Dios se haga realidad en medio de nosotros.
4. Contemplación:
Que la gracia del Señor nos ayude a trabajar todos los días para darle a Dios lo que le pertenece, es decir el corazón, para dejarlo que Él actúe en nosotros y por nuestras manos pueda realizar su proyecto de amor en el mundo.
