Lectio Divina

PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA

1. En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:


2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:


También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:

Pablo muestra su satisfacción por las buenas noticias que le llegan de una comunidad que él ha fundado en Grecia, la de Tesalónica.

Es una comunidad que se dejó llenar del Espíritu y de su fuerza en las dificultades iniciales. Que abandonó los ídolos y la manera de pensar pagana. Que acogió la palabra de Dios que Pablo les predicaba. En el fondo, siguiéndole a él, seguían a Jesús, cuya vuelta al final de los tiempos esperaban. Esa comunidad se había convertido en modelo para toda la región.

¿Sucede algo parecido con nuestras comunidades? ¿nos animamos mutuamente, unas a otras, con nuestro fervor y nuestra riqueza interior? ¿podría Pablo sentirse satisfecho de nosotros?

Amar a Dios y amar al prójimo

¿Cuál es el mandamiento principal? Los judíos tenían centenares de preceptos: exactamente 365 «negativos» y 248 «positivos» (los primeros empiezan por «no…», y los otros por «debes…»). No es de extrañar. Toda sociedad organizada tiende a multiplicar con el tiempo sus leyes y normas.

También nosotros podemos a veces andar perdidos sin saber bien a qué dar importancia y a qué no. El Código de Derecho Canónico, que regula la vida de la comunidad eclesial (del año 1983), contiene 1752 cánones, que, por cierto, terminan con una norma sobre el traslado de los párrocos y formula un principio que vale para todos los cánones anteriores: «teniendo en cuenta la salvación de las almas, que debe ser siempre la ley suprema en la Iglesia».

Jesús, de entrada, da más importancia a las personas (Dios y el prójimo) que a la ley o a la norma: lo principal es amar. Pone en primer lugar el amor a Dios. Pero en seguida le une el amor al prójimo, cosa que puede no gustarnos demasiado.

Amar a Dios «con todo el corazón», o sea, ponerle a él por delante de todo lo demás, es el primer mandamiento: escuchar su Palabra, encontrarnos con él en la oración, amar lo que ama él, hacer nuestro proyecto de vida contando con él… Pablo alaba a los de Tesalónica porque «abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero». Es un aspecto que hemos de recordar todos, en medio de un mundo que tiende a privilegiar los horizontes meramente materialistas y hasta idolátricos.

Pero Jesús añade en seguida otro mandamiento que es inseparable del primero: «amarás a tu prójimo como a ti mismo». Cuando el joven rico le preguntó qué tenía que hacer para conseguir la vida eterna, Jesús le recordó, entre los diversos mandamientos, este: «honra a tu padre y a tu madre y amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mt 19,19). En el sermón del monte había enseñado explícitamente, y además ampliando el mandato a los enemigos: «habéis oído que se dijo: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo; pues yo os digo: amad a vuestros enemigos, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial que hace salir el sol sobre malos y buenos» (Mt 5,43-45).

En el Ritual del Bautismo, en el diálogo inicial, en la puerta de la iglesia, el ministro pregunta a los padres y padrinos: «al pedir el Bautismo para vuestros hijos, ¿sabéis que os obligáis a educarlos en la fe, para que estos niños, guardando los mandamientos de Dios, amen al Señor y al prójimo, como Cristo nos enseña en el evangelio?». Es un buen resumen de lo que se espera de uno que empieza su vida cristiana el día de su bautizo.

La justicia social

Este amor al prójimo es concretado muchas veces por la Palabra de Dios. La parte del «código de la Alianza» que hemos leído en el Éxodo son, tal vez, las normas a las que en nuestra sensibilidad espontánea hemos dado menos importancia hasta ahora. Se refieren al trato que hemos de dar a los demás. Moisés desciende a detalles que no han perdido nada de actualidad.

a) Cómo actuar con el forastero, con el inmigrante: «no oprimirás ni vejarás al forastero», y la motivación: «porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto». Este mandato de atender al forastero se recuerda varias veces en la Escritura. El forastero, el inmigrante, con o sin papeles, es el prototipo de persona que necesita ayuda hasta que se establezca definitivamente.

b) Cómo actuar con los débiles: «no explotarás a viudas ni a huérfanos», y la motivación: «porque si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé, se encenderá mi ira y os haré morir a espada».

c) Cómo actuar cuando un pobre nos pide un préstamo: «si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses», y la motivación: «si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo».

Lo más importante es recoger esta «motivación» que se añade a la norma: Dios considera como dirigido él mismo el trato que damos a los forasteros o a los pobres e indefensos: «si los explotas y ellos gritan a mí, yo les escucharé, porque soy compasivo… y se encenderá mi ira contra ti».

Es impresionante que se nos diga que los gritos de los pobres mal tratados suben hasta Dios mismo. Cuando humillamos a alguien, es a Dios mismo a quien humillamos. Lo que yo hago con ese forastero, o con este pobre del que me resulta fácil aprovecharme, lo estoy haciendo a Dios. Eso ya lo decía el AT, en este caso el libro del Éxodo. Pero nos lo ha dicho más concretamente todavía Jesús: «conmigo lo hicisteis (o dejasteis de hacerlo)».

3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:

A veces, el modelo es Dios Padre: «sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto… hace llover sobre justos y pecadores…».

A veces, el modelo es Jesús mismo: «amaos los unos a los otros como yo os he amado».

Aquí, el modelo somos nosotros: con la misma medida con que nos amamos a nosotros mismos, hemos de amar a los demás. Sencillamente, basta que hagamos a los demás lo que queremos que ellos nos hagan a nosotros en los mil detalles de la vida de cada día. Lo enseñó también Pablo: «toda la ley se concentra en esta frase: amarás al prójimo como a ti mismo» (Ga 5, 14).

4. Contemplación:

Si el apóstol Juan dice que «Dios es amor», es evidente que su ley principal debe ser el amor. El amor en todas las direcciones: el que nos tiene Dios, el que se ha manifestado en Cristo Jesús, el amor que es el Espíritu, el amor que nosotros le debemos a Dios y el amor que debemos tener a los demás.

Si al final del día, haciendo el breve examen de conciencia (sana costumbre, tanto si es dentro de Completas como si no), la pregunta que nos debemos hacer cada día es muy sencilla: ¿he amado?, ¿o bien me he buscado a mí mismo, he pensado sólo en mis intereses, y he tratado con indiferencia al prójimo? Esto vale para el ambiente de una familia o el de una comunidad religiosa o el de una comunidad parroquial o también el de la sociedad en la que vivimos. El mandamiento del amor es una de esas consignas de Jesús a sus seguidores que, si nos la creyéramos de veras y la pusiéramos en práctica, cambiaría el mundo como con un fermento activo.

Aldazábal, J. (2004).
Enséñame tus caminos 8.
Domingos ciclo A.
CENTRO DE PASTORAL LITÚRGICA.
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