Lectio Divina

PISTAS PARA LA LECTIO DIVINA

1. En el momento de la lectura pueden ser útiles estas preguntas:


2. En el momento de la meditación se puede hacer un diálogo partiendo de estas preguntas:


También pueden ser útiles estas pistas de reflexión:

Se acerca el final del Año Cristiano

Estamos terminando las semanas del Año Litúrgico, y por eso las lecturas nos van orientando hacia el final de la historia del mundo y la vuelta gloriosa del Resucitado. O sea, hacia la escatología.

Hoy, con la parábola de las doncellas que debían estar preparadas para entrar como damas de honor al banquete de bodas. No hemos leído, pero conocemos bien, la del ladrón que puede abrir un boquete y entrar en casa cuando menos se le espera. El próximo domingo leeremos la parábola de los talentos de los que hay que dar cuenta a la vuelta del amo.

Mirar al futuro es de sabios.

Sabiduría 6,12-16. Encuentran la sabiduría los que la buscan

El autor de este libro sapiencial personifica a la Sabiduría y la hace aparecer como una mujer radiante, hermosa, inmarcesible. Les hará mucho bien a todos, sobre todo a los gobernantes de los países, contar con ella.

Los que la aman y la buscan la encuentran. Pero es ella misma, la Sabiduría personificada, la que se da a conocer a los que la desean, la que está sentada a la puerta, ya de madrugada, esperando que alguien la encuentre, la que sale al paso de los que desean meditar y dejarse conducir por ella.

Para el salmista, Dios es la fuente de toda sabiduría y felicidad: «mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío». Por eso «por ti madrugo» porque «tu gracia vale más que la vida». En la Ia lectura se decía que la Sabiduría madrugaba para salir al paso de los deseos de sabiduría. Ahora es el salmista piadoso el que madruga para encontrarse con Dios.

1 Tesalonicenses 4, 13-17. A los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él

Pablo presenta a los cristianos de Tesalónica una catequesis sobre la suerte de los difuntos y los acontecimientos del fin del mundo. No tienen que estar tristes «como los que están sin esperanza». Para los cristianos es la confianza la que debe dar color a su mirada al futuro, porque «si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto Dios los llevará con él».

En la segunda parte de la lectura -que no por ser más difícil de explicar deberíamos omitir sin más- Pablo dice lo que pasará «cuando venga el Señor». Las primeras generaciones creían inminente la vuelta gloriosa del Señor: recordemos que este escrito es el primero de los que se conservan del Nuevo Testamento. Según el misterioso orden que describe Pablo, los primeros en resucitar serán los difuntos: «él descenderá del cielo y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar». Después los que todavía están vivos iremos «al encuentro del Señor» y «estaremos siempre con el Señor».

No importa mucho si Pablo también creía o no en la inminencia de la vuelta del Señor. Lo principal es la consigna de confianza y paz que él transmite. Porque la muerte -o el fin del mundo- no va a ser la última palabra, pues Dios nos tiene destinados a la vida, con su Hijo Jesús.

Mateo 25,1-13. ¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!

En el evangelio de Mateo hay cinco grandes «discursos» o «sermones» de Jesús, que en realidad son pasajes en los que el evangelista ha querido reunir enseñanzas seguramente dispersas del Maestro. El último de estos discursos es el llamado «escatológico», ya al final de su vida, como prólogo al relato de la Pasión.

A ese pasaje pertenece la parábola de las diez doncellas, que es propia de Mateo. Como todas, está tomada de los hechos corrientes de la vida, esta vez de cómo se hacían las bodas en su tiempo. El esposo tarda en llegar, y las doncellas que están designadas para recibirle cuando llegue, se duermen. Pero cinco tienen aceite para sus lámparas, y cinco, no. A estas necias se les cierra la puerta del banquete mientras van a comprar aceite, y las otras cinco sí entran.

Jesús mismo saca la lección de esta parábola: «por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora», se entiende, de la venida última del Señor.

3. Oración: A partir de lo reflexionado se puede invitar a todos a hacer una oración de petición o de acción de gracias.
El animador puede concluir:

En la parábola de hoy no importa analizar si son o no verosímiles algunos de los detalles: la tardanza precisamente del esposo, la poca solidaridad de las muchachas prudentes, la idea de que las tiendas puedan estar abiertas a esas horas de la noche, la dureza del esposo que cierra las puertas a los que llegan tarde, contra todas las leyes de la hospitalidad oriental…

Lo principal es la lección que nos da Jesús: las diez tendrían que haber estado preparadas para cuando llegara el novio. Velar es estar alerta, despiertos, preparados, vigilantes. Puede ser que el sueño domine a todos (las muchachas prudentes también se durmieron), pero si uno está preparado, si «tiene aceite para la lámpara», el dormirse no es grave ni le ha de producir angustia, porque cuando le despierten estará preparado y será admitido a la fiesta

4. Contemplación:

El aceite tiene muchos usos prácticos en la vida: para cocinar, para suavizar, para curar, para alimentar lámparas. Por eso es también símbolo de realidades más profundas: luz, paz y suavidad (poner un poco de aceite en las relaciones de una comunidad), amor, alegría, salud. En el uso religioso, ya en el AT se empleaba la unción (el masaje con aceite) como signo de la elección y consagración de reyes, profetas o sacerdotes de parte de Dios.

Aldazábal, J. (2004).
Enséñame tus caminos 8.
Domingos ciclo A.
CENTRO DE PASTORAL LITÚRGICA.
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